son días de ruido

La mañana del sábado despertaron juntos en la cama de la habitación de él en el hotel.  El apenas si recordaba los argumentos utilizados para convencerla y a ella no le importaba que incumpliría todas las citas de ese día.  Se miraron, sonrieron y con un beso entendieron que debían seguir durmiendo.  Así estuvieron hasta las once de la mañana, cuando el calor en la habitación empezó a hacerse reconocible por su pesadez y furia.  La ducha compartida y la toalla repetida en sus cuerpos los llenaron de juegos, mientras que la noción del tiempo se perdía en el aire.
 
En la noche, ella llamó a su esposo y le dijo que no volvería a su casa, no iría por nada de lo que alguna vez le perteneció.  Ella llamó a sus amigos y les dijo que se había comprometido con un hombre que la hacía perfumar de amor todo cuanto tocaba mientras pensaba en él.  Ocho días después, mientras cenaban en un restaurante del norte de la ciudad fueron sorprendidos por un vendabal que los afectó con un virus gripal.  Los días siguientes estuvieron sufriendo de gripa, pero su necedad por amarse les impidió comprender que debían detenerse a cuidar su salud, así mientras la gripa los atropellaba continuaron amándose, incluso, fue imposible separar sus cuerpos porque habían iniciado la noche en un abrazo que sería interminable.
 
Oscar Vargas Duarte

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s