Te cuento cosas

Hay un hombre  durmiendo en la calle, está expuesto sobre el cemento, junto a un puente peatonal.  Son muchos, los que pasamos  por ahí sin tomar alguna precaución acerca de él. Uno puede presumir que está durmiendo, está cubierto por una manta con la que oculta la parte superior de su cuerpo.  No tiene zapatos, los calcetines muestran huecos en la parte que le corresponde a los dedos y al talón.

 

Imagino que sus zapatos los oculta debajo de la manta y que con una de sus manos, exactamente la del brazo izquierdo los sostiene, ha de ser para evitar que otro personaje de la calle al verlo durmiendo se los quite.  Me sorprendo pensando en que algunos objetos tienen un valor que solo es comparable con grandes tesoros.  Un par de zapatos cuando no hay posibilidades para conseguir otros.

 

Esta tarde lloverá, es un presagio, o mejor, es una conclusión a la que se puede llegar rápidamente mirando hacia lo alto, una nube negra y grande promete descomponerse plenamente en apenas unas horas, tal vez menos.  En el puente peatonal hay una señora que vende películas, grabadas en dvd, sin haber pagado los derechos de autor o de reproducción – no tengo claridad sobre cuál regulación se viola al copiar de manera ilegal las películas, pido que me deje ver la colección que tiene en venta, miro una y otra vez, tomo otro bloque y sigo mirando.  Hay una película que vi hace más de diez años, “pescador de ilusiones”, no veía muchas películas en aquella época, unas veces era la economía y otras la falta de interés.

 

Sigo caminando, voy al restaurante que me recomendaron.  Hay una mesa junto a la ventana, desde la que se puede observar la calle.  La mesera me pregunta una, dos, tres veces sobre lo que quiero, me decido.  – Me trae primero una cerveza.  Por la calle pasa una mujer desnuda, es extraño ver a una mujer desnuda en caminando por la calle, las otras personas en el restaurante la notan también.  Vamos a desgastarle la piel si seguimos viéndola de este modo.  Ha desaparecido, desde la ventana no puede verse más.  La ventana está formada por un vidrio grande, más de tres metros, es por eso que todos pueden ver hacia afuera.

 

La mujer desnuda entra al restaurante.  Todos mantenemos la atención sobre ella.

 

          Tiene una mesa? Le pregunta a la mesera.

          Todas están ocupadas, tendría que hacerse con otra persona, si le parece.

          Me parece perfecto.

La mujer desnuda levanta la mirada y la desata hacia todas las mesas,  la única mesa con espacio es la mía.  Se acerca y me pregunta si puede usar la silla.  Hago un movimiento con la cara afirmándolo. No quiero verla directamente, notará que la miro con lascivia, de modo que me concentro en la cerveza.  Mi almuerzo lo trae la mesera, que aprovecha el instante para recibir el pedido de la mujer a mi lado.

 

 La cerveza es de una marca nacional.  Me he tomado dos tragos, mientras siento que todos miran hacia mi mesa y la mujer a mi lado juega con los cubiertos.  Quiero verle las tetas – perdón por la palabra, pero en ese momento la desesperación al saber que a mi lado una mujer con hermosos senos y lindo cuerpo se encuentra a mi lado y no puedo verla.  Algunos dejan de mirar, eso puedo notarlo, mis ojos se dilatan entre las mesas que están a mi alrededor y que puedo ver sin recostar mis ojos sobre la desnuda en la silla al lado.

 

          Tienes lindos ojos.

          Gracias.  Respondo tímidamente, la verdad me siento acosado.

          Qué pediste de almuerzo?

          El menú del día. Mientras respondo la miro a los ojos.

          Confirmado, tus ojos son hermosos. Apuesto a que tienes novias por montón.

          Jaja, si apenas logro conquistar una ya me están dejando solo.

 

La señora llega con los almuerzos y los deja sobre la mesa.   Ahora nos pregunta por la bebida, jugo o limonada.

 

          Jugo de qué hay?

          Maracuyá y mora.

          A mí de maracuyá.

          Otra cerveza para mí.

 

Sigo sin poder verle las tetas.  La mujer ha empezado por la sopa, se ha tomado todo el líquido, ha comenzado luego por los elementos sólidos en la misma, después el arroz, la ensalada, y luego la carne.  Es curioso, tomó cada cosa y la consumió por completo antes de comer otro de los ingredientes del menú.  Yo mantengo la cabeza agachada, solo cuchareo y cuchareo, como y como.  Tengo una erección al imaginar los senos a punto de rozar la mesa y moviéndose mientras ella come o eleva la cuchara desde el plato hacia la boca.

 

          El postre es muy bueno. Te lo vas a comer?

          Si lo quieres, tómalo.

          Es queso con arequipe.  Me gustan mucho.

          Tómalo, la verdad, tengo sed y eso me dejaría la boca más seca.

          El dulce te deja seca la boca?

          Bueno, lo digo porque estoy tomando cerveza.

          Claro, tienes razón.  No te imaginas las utilidades que tiene el arequipe.

 

La cara se me enrojece, ella me ha descubierto observando la manera que ha recostado sus senos sobre la mesa.  Ella come arequipe y me sonríe, sin que yo pueda correspondérsela.  Levanto la mano para pedirle la cuenta.

 

          Vas a invitarme el almuerzo?

          Perdón?

          E l almuerzo, no tengo con qué pagar? O vas a creer que tengo la plata en una billetera invisible?

          Pero, por qué pides comida si no tienes con qué pagar?

          Pues, que tengo hambre.

Ahora miro a la mujer con los ojos llenos de molestia, no me importa su desnudez, la miro a los ojos y con ellos le reprocho comportarse de esa manera.

 

          Te enoja eso?

          A mí no, a la señora que ya debió haber notado que no tienes con qué pagarle.

          Me ayudarás?

          Lo haré, sería muy incómodo observar que los dueños del restaurante deban discutir por algo que es lo mínimo que se merecen económicamente, el pago de su trabajo.

          Es cierto lo que dices, pero incómodo.

          Perdón, no te escuché bien, me repites?

          Se vuelve incómodo lo que dices, no ayudas.

 

La mesera trae la cuenta, le pido que adicione el valor del almuerzo de la mujer.  Me mira como si mi actitud se debiera a un acuerdo sexual con ella.  El enojo se nota en mi cara, la mesera va a la caja y vuelve con una cuenta nueva.  Me molesta que la señora crea que es una compra sexual, cuando me siento molesto por no poder ver algo y en cambio ser el objeto de atención de todos, además, la mujer desnuda me pidió que pagara su almuerzo como si considerara que debía hacerlo solo por el hecho de sentarse a mi lado.

 

Pago los almuerzos, espero por el cambio.  La mujer desnuda empieza a ponerse nerviosa.  En la entrada del lugar hay alboroto porque no dejan entrar a un hombre.  Me levanto de la silla y detrás de mí la mujer, ahora creerán que se va conmigo a algún lugar.  El almuerzo, por sazón y comida estaba delicioso, pero este pequeño evento hace que lo olvide.  Agradezco a la mujer que me atendió, le digo que el almuerzo estaba delicioso y la imagen que tienen en la pared de la virgen es hermosa.

 

La discusión en la puerta es con el hombre que dormía junto al puente peatonal.  Insiste en que lo dejen entrar porque adentro está su compañera, su esposa, su mujer, lo ha dicho de muchas maneras pero un hombre se le atraviesa y le pide que se retire.  El hombre me pide una moneda, lo ignoro.  He caminado apenas unos pasos para alejarme y alcanzo a escuchar el saludo sentimental y ruidoso con el que el hombre de la calle le habla a la mujer desnuda.  Giro y me quedo observando.

 

          A ti qué te pasó?

          Pues, me robaron la ropa, mientras dormía en el parque.

          A mí los zapatos, de nada sirvió que me los quitara.

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