Al fondo, en uno de los escritorios de la oficina,

Al fondo, en uno de los escritorios de la oficina, una mujer descubre nuevos colores en sus labios, repite este ejercicio en sus mejillas, dispone sus manos sobre el cabello, hace movimientos a partir de los cuales uno podría pensar que lo ordena. Mira su rostro en el espejo, sonríe, satisfacción completa. Observa su blusa, se mira el busto, crema en las manos y todo pareciera girar en torno a ella, incluso yo que desde mi lugar de trabajo, otro escritorio como el de ella, la veo y sigo cada uno de sus movimientos.

Leer su pensamiento, no hay posibilidades sobre este tema, sigo observándola, puedo sorprenderme con la casualidad de saber qué piensa, tal vez sobre un viaje este fin de semana, un amante que casi nunca recuerda, el clima y sus incómodas temperaturas para utilizar la ropa que más le gusta, vienen otras sugerencias a la mente, ninguna tan clara como la siguiente. El bolso, de los más solicitados en la tienda de marca donde lo compró, lleva en él una daga comprada en un almacén de antigüedades. El vendedor la convenció de que esta era usada por las mujeres de alguna civilización antigua para vengar las ofensas de sus infieles maridos.

Una carta de amor, escrita por un ‘escribidor’ de los que se hacen en las esquinas olvidadas, más llenos de gérmenes y bacterias que de ideas.  Ahí está la carta que el señor escribió a partir de las anotaciones que un desconocido le llevó, a su vez este desconocido la recibió de otra persona que no es la mujer a la que miro sentado en mi silla.

Tiene las boletas de ingreso al cine, a nombre de una persona que no existe, la película, el horario, el tiempo medido para llegar cuando todo sea oscuridad. Ella vio la película antes, sabe que en el minuto dieciocho todo se oscurece porque la escena ocurre en la noche, en un túnel y la penumbra también cubre el teatro. En ese momento ella estará detrás del hombre, clavará la daga en el cuello. En caso de que ocurran gritos serán opacados por los de la película, que en ese momento ya habrá cambiado de escena y el ruido no permitirá notar el grito del hombre por la herida.

Ya está todo listo, preparado, sin otra consideración que hacer. Saldrá del cinema, tal cual como entró, la mujer que acompaña al hombre duerme siempre viendo este tipo de películas, ella irá hasta su casa, tomará un baño, saldrá de la tina directo a su cama. Verá televisión y seguro pasarán la noticia del crimen en el cine.

Yo le deseo suerte, es bueno que algunos deseos se cumplan.

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