Sé la conversación, el abrazo y el beso

Este, oeste, norte y sur se contemplan y a su turno ponen en el centro sus mejores latitudes. Otoño, invierno, primavera, verano convocan sus mejores horas y las apuestan en la misma mesa. Meridiano y paralelo con longitud exacta se curvan para someterse el uno en el otro. Fuego, aire tierra, agua se rozan y sostienen firmemente de una raíz que los comprende a los cuatro, los diferencia y los une. Las edades, juventud, adultez e infancia se abordan en espirales. Hombre y mujer con su sangre y su piel se ceden al otro, se escuchan, se observan, se hablan. Sé la conversación.

Una caricia motivada en la ternura, un encuentro anunciando el cariño, un temblor que nace en la fuerza de los brazos que se entregan, la comprensión de lo invisible que se apoya, la bienvenida que ofrece compañía, los buenos deseos que auguran el regreso en la despedida, la fortaleza de los brazos en la espalda o la cintura haciendo eco del corazón sincero. Sé el abrazo.

No hay figura literaria en la que sea posible contenerlo. Sé el beso.

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