Un frío invisible, inexistente

Un frío invisible, inexistente, nos posee, entonces un abrazo es apropiado para que tus formas se peguen a las mías. Y sin que los dos sepamos las razones, nos olvidamos de cada uno, empezamos a pensar en el otro, tú en mis manos, yo en tu piel, tú en mi brusquedad de hombre, yo en las gotas de silencio que cuentan la distancia entre un gemido y otro mientras descubro en ti una humedad sincera apreciando a mis manos inquietas.

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