Sin la noche en la maleta

Tú viajas sin la noche en la maleta,
has dejado el día empeñado en el vidrio de una vitrina,
abarcaste un puerto con mirada sincera
y decidiste no llegar a la meta.
No usas el verbo bordar para referirte al movimiento de la arena,
traes en el ombligo mugre aún después de la ducha,
reconoces cicatrices mínimas o extensas sobre tu piel,
aunque no recuerdas el origen de las mismas.
Irrumpes con aplausos y gritos ante un gol,
agitas las manos alejando la sombra que te sigue
y la espantas hasta que deja pasar la luz hacia tus ojos,
pides un café, lo bebes sin quemarte los labios,
nunca callas porque tu voz habla en silencio.
No tienes idea de qué te estoy hablando.

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