Relaciones diarias

Mi relación con el día empieza con el sonido de la alarma con la cual se marca la hora en la cual debo despertarme, antes tenía un nombre apropiado para su labor, reloj despertador, incluso tenía cuerpo propio, ahora no es una alarma, un sonido que se dispara cuando ese cronómetro giratorio vuelve a la hora marcada para hacer el ruido.

Mi relación con la noche no termina al final del pulso de la alarma, la noche sabe en donde poner una gota de su acaudalada oscuridad y desde allí surte de otras noches, mínimas e invisibles, a las horas de sol que se elevan en el día.

Mi relación con mi memoria es constante, aun así no sé lo que ocurre con ella mientras duermo, a veces me despierto como si hubiese estado revolcando todo en ella, a veces, la mayoría de las veces, no recuerdo lo que sucedió antes de despertarme, si fueron sueños me limito a la respuesta de los libros, todos sueñas, no todos los recuerdan. Para empezar el día, como por azar, de una ruleta salta un recuerdo y se clava en la pared más visible para asaltar mis pensamientos.

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