Tras las probetas

Estuve todo el día en la clínica, yo como muchos no imaginaba que la sala de espera estuviera llena todo el tiempo, unos entraban y salían, otros se quedaban más tiempo, conversando con alguien, o esperando en silencio a ser llamados, para ser atendidos o para ser informados. Hay un lugar para pedir café, tortas, te, infusiones de frutas, galletas, cosas para pasar el hambre sin comer. Pasé por un café, una mujer antes pidió un té chai, yo caminé alrededor de mí mismo mientras lo preparaban, cuando volví, la taza con mi nombre era la de té, y la mujer se había llevado la mía. Mientras yo tomaba, sin saber eso que ya dije, la taza, la mujer vino, se excusó porque ya lo había probado, pidió que le dieron su pedido, se ofreció para comprarme una taza nueva, yo le dije que no había problema, y me fui con el café a una de las sillas a beberlo.

Antes había acompañado a mi amiga a registrarse para ingresar, yo firmé unos documentos como acompañante, con letra pequeña como la de los contratos financieros cuando se va a un banco, algo que si se pusiera uno a leer y solo firmara hasta entender se llevaría mucho tiempo, y ese tiempo no lo tiene uno porque la cita a la que asiste está por empezar. Tuvimos que esperar una hora después del registro, luego fuimos a una zona en la que la vistieron para su cita. Ya cuando no podía estar más con ella tuve que volver a la sala de espera, fue en ese momento en que pasó lo de la confusión de la taza de té con la del café. Supe el nombre de esa mujer porque estaba escrito en la taza de cartón, Verónica. Creo que era varios años menor que yo, pensé que su nombre se debía a una actriz famosa en mi infancia.

Llevé un libro, y como yo había varios lectores urgiendo a las páginas narraciones, había una señora con un libro sobre la verbalidad de la comida según su país de origen, un hombre con libro de historia, yo con algo sobre el impacto de la tecnología en el mundo, una muchacha con una antología de poemas de Borges, como es de suponer, quería acercarme a cada uno de ellos para saber de que trataba cada uno, pero bueno, me quedé con el mío sin poder ir a otear en las páginas de los otros.

Mientras leía, o mejor, al levantar la mirada en un momento vi a una pareja hablando en voz baja, sin embargo el movimiento de sus brazos era de perplejidad y asombro. Metí mi libro en el morral, aproximé mis pasos a donde pudiera escucharlos, había una silla cerca, podía escuchar casi todo, y me quedé haciendo ahí una de las dos cosas que más me gusta hacer en la vida, escuchar historias.

El hombre debió poblar con sus días más de cincuenta calendarios, la mujer dos o tres menos. Hablaban de una hija, según ella una niña que no había cumplido los treinta todavía, razón por la cual ella no entendía cómo estaba en esto.

Esto, así de manera genérica mencionado por la madre tenía que ver con lo siguiente.

A las seis de la mañana habían llamado a su teléfono desde la clínica, indagaron acerca de su parentesco con la hija, asunto que confirmó de manera inmediata, esto causó en ella el efecto de dejarla despierta y preocupada desde el mismo instante en que le dijeron, llamamos de la clínica por su hija. Eso mismo le pasó a él, con unos minutos de diferencia, y también con una manera diferente de asumir la comunicación. Él no sabía de su hija desde cuando debió pagar por los derechos de grado de ella cuando estaba terminando el pregrado en la universidad.

No les dieron información adicional por teléfono, solamente, su hija está aquí, necesitamos a sus padres. Ella no le dijo a él, pero le respondió a la mujer que llamó desde la clínica, será a la madre porque ese cabrón solo puso la calentura, el semen y el abandono. Aunque él no quería hacerse presente comprendió que algo grave podría estar sucediendo, y la mamá sería capaz de hacerle un escándalo en cualquier lugar público si no asistía según lo solicitaban.

Se enteraron casi al tiempo, después de dejar sus automóviles en el parqueadero de la clínica se encontraron en la oficina de información, allí les dijeron que su hija tenía un parto complicado. Él la miró, a la que ahora sería abuela como si tuviera toda la culpa del mundo, ella lo ignoró, en vez de ocuparse en su mirada le preguntó a la mujer que les hablaba si la niña había venido con la pareja. La mujer de la clínica continuó, en casos como éste en que puede ponerse en riesgo la vida de la madre y del hijo es importante contar con los padres de la embarazada. Claro, y lo aclaró varias veces, ella ya está en proceso de preparación, no podemos esperar mucho tiempo, tenemos que actuar.

La respuesta a la pregunta de la madre se la dieron cuando les pasaron la información del embarazo. Tendría mellizos, eso explicó la asesora, de la misma cepa de semen, es decir, el mismo padre biológico, y siguió explicando como si los padres supieran desde antes que su hija había decidido embarazarse con los nuevos métodos científicos.

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