Regreso

Has vuelto a casa, el zancudo no podía esperarte más y se apagó contra la luz encendida. No hubo un reloj de cucú que diera la hora en punto en la que eras esperada, todos los relojes en tu casa son electrónicos y dejarán de funcionar cuando se les acabe la pila, o también en el segundo exacto cuando una onda electromagnética reemplace a las armas y los hombres quieran la libertad como la conocían, sin ser esclavos de la tecnología. No es tarde, tampoco llegaste a tiempo, a nadie fuera de ti le importa la hora, todos saben que es tarde para todo y temprano para nada, claro, voy a estar de acuerdo, puede ser lo contrario, pero estamos así, de eso se trata verte llegar tarde a través de la única ventana por la cual puedo verte desnuda, a través de tus ojos a donde me llevaste una noche después del café, me observaba una versión de ti misma que se apropia de los solitarios que como yo te invitamos un café y nos perdemos para siempre, la timidez nos supera. No todos los tímidos aprecian la soledad, no todos los que viven en soledad son tímidos, sí esta oración estuvo de más en esta conversación a distancia.  Ese solitario perdido en tu memoria te mira, desde tus ojos cuando tu desnudez le habla al vidrio y se deja retratar por él entre la sombra y la luz para ser imitada.

Has vuelto a casa, a tu cama, más que a los otros espacios, en tu cama no hay frío solo sábanas sin calor esperándote, tu piel pronto encenderá la planta nuclear en la que se parten los átomos y le darás calor a la cama y las cobijas, claro a ti también. Tomarás con la mano una brocha y untarás del color de la noche tus ojos, será oscuro sin estrellas, esta brocha no sabe de cometas fugaces o azules titilantes superando la luz de la ciudad, la ciudad útero, tu casa.

Una canción, la del tarareo constante explota como un silencioso susurro en tu boca, cantas pretendiendo no agredir al silencio, invitas al sueño con esa música ajena, no te pertenece, como habría de ser tuya si la escuchaste en la radio y fue hecha para comprar audiencias, eso no te lo dices, no lo sospechas, no lo intuyes, te has apropiado de ella, la letra y el canto, dices te identifican, no cantas con la voz en alto, despertarías a los zancudos que te esperan sin saber que ya cerraste con las sábanas cualquier posibilidad para ellos de endulzarse con tu sangre. Es tarde, ahora sí es tarde, la cama está caliente, los que tienen sexo en sus cuartos no son tus vecinos y si lo fueran no son tan ruidosos para ser escuchados, los que atraviesan la calle y su frío han callado desde temprano, para qué sus gritos si nadie los escucha, es tarde ya, mañana el sol cobrará una vuelta más a la tierra, un día más para aproximarse a la fecha de expiración de tu vida, a la extinción de quienes como tú hacen parte de la raza humana.

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