Le duele todo el vientre bajo, sigue sentada en el baño, si pudiera se quedaría en posición fetal ahí sin moverse, duda de que el vientre bajo exista, no quiere poner sus manos donde le duele, teme encontrar solo un hueco lleno de alambres de cobre. Las dos pastillas de calmidol no hacen efecto, el dolor es el otro lugar de la locura, presiente más cerca a los fantasmas que al efecto de la medicina. Alguien la llama, responde internamente con palabras grises y altaneras, eso no aparece en su voz, solo dice, ya salgo, y unos minutos después siente que la luz de la ciudad son fragmentos de su vientre.