Desencuentros

Tú no sabias de mi esperanza, en ella habitaban más que mi deseo, los fantasmas que tenía. No la viste, y al no hacerlo suponías que mis actos eran convocados por motivaciones sin sentido, siendo el único protegerme de mis miedos. En tránsito, de apenas reconocerlos a enfrentarlos, esos momentos tienen dentro una revolución de fuego, lo que no se está quedando es ceniza, lo que arde y no se funde se está forjando en fortalezas. Aquello de ‘todo se transforma’ ocurrió aquí conmigo, del mismo modo, de lo que solo es recuerdo fugaz quedó otra estela, quedaron otras formas. Mi camino es el mismo, y cuando digo mismo, me refiero a que sigue siendo el mío, claro, con otra velocidad, en otra cadencia. Tú no sabes del destello en el ojo suplicando el cruzar fugaz de una estrella, el deseo repetido o la noche esperada como regalo para el único descanso posible, el silencio.

Esto, lo dicho, es una anotación al margen, aparece aquí después de la conversación, del saludo casual con el que nos reconocimos en la calle, tú hablando al yo que fui, del que no supiste sus esperanzas, y tu voz parecía una canción de cuna adornando el sueño de los ebrios en la barra de un bar, en una cantina.

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