Hasta que este día vuelva

«Era su luz detrás de las ojeras la que yo esperaba encontrar en su cuarto, y no, no fue así, encontré unas sombras sembradas con agüeros. Creí en su voz de bruja y la quise por eso, sin embargo, al estar en su cuarto solo vi remedos de la forma que ahora venden libros sin antigüedad alguna, solo juegos de niños con miedo». El hombre siguió su confesión y yo apreté la botella en la mano antes de continuar con el siguiente sorbo, bebí, y no quise más de la voz del desconocido, él siguió y yo dejé de escucharlo, me concentré en la música y vi a la mujer que venía por él, vestida como de otro tiempo, solo vestida porque tal como él dijo, en sus ojeras no había otra luz que la de las repeticiones sin aprendizaje.

Se saludaron, ella no aceptó invitación alguna, él quería seguir, quizá esperaba un deslumbramiento surgido de entregarse a la ebriedad, no fue así, unos minutos después ya habían pagado la cuenta. Yo veía los brazos de la mujer, un tatuaje estático, sus manillas y collares, la ropa con colores desteñidos por un sol de lavadero, los pies enjaulados más que expuestos en sus sandalias urgidas de acero, apenas cuajados entre líneas de cuero nuevo. El hombre se subió a su tristeza aguada y se fue con ella, acelerando y frenando el dolor del engaño, ese dolor propio del que lanza sus preguntas a la filosofía y solo se encuentra el mismo sin respuesta alguna.

Por la ventana entró una garganta lanzando agua y viento, la mujer que atiende a las mesas la cerró, aún así entraste, y pasaste con tu ropa de montaña y luna hasta una silla a mi lado, dijiste, «supe de tus dudas y vine a verte», pedí dos vasos de brandy ti y abandoné la cerveza, uno llegó a tu mano y el otro a la mía, jugaste un rato apresando la sombra tras la que se escondían algunos amantes en las mesas, los vimos, unos arrimándose a un fuego seco, otros, dolidos de la indiferencia, unos más fecundos con las manos próximas a atravesar la ropa, otros más con la erección y la humedad casi explotándoles la tela. Sonreiste al ver a una mujer sin deseo dejarse tocar “por si de pronto”, y me dijiste, yo vine como ella, por si de pronto quieres albergar en tu cama la noche del tiempo y quedarte conmigo hasta que este día vuelva.

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