La lluvia cobra por ventanilla las horas grises consumidas en la tarde,
se refleja en el asfalto y cae viciosa sobre si misma,
es adicta a la vanidad óptica,
se ve para gotearse en su propia retina.
Sur oscuro y norte gris,
eléctrica claridad de luz prestada,
párpado descompuesto,
ciudad de bocas y silencios,
de ventanas para ver sin abrirse,
de miedos para temer y no aceptarse,
de rutas sin propósito.
La lluvia se detiene y ríe,
después sostiene su grito ante la luz de la ventana,
la que cubre el miedo de quien se cubre adentr