Re lecturas

Das pasos, los pasos diarios desde tu cama hasta el espejo del baño, antes de entrar el interruptor hace ‘clic’ y la luz artificial abre todo para ser observado desde tus ojos. Te inclinas hacia adelante, una cercanía necesaria para aproximarte al reflejo de tus ojos. Vuelves a pensar en la voz soñada diciéndote, “en el fondo de tu mirada nace mi sombra y pronto seré una noche con tu luz al otro lado de mi fuego”.  Solo tus ojos y las formas de ellos que sin quedarse en tu memoria fotográfica reconoces como propios, eso ves, te asombra haber apreciado dudas, y más aún haberte aproximado al espejo para borrarlas.  Devuelves tus pasos, no en un sentido exacto, te acomodas en el borde de tu cama y alargas tu brazo hasta el lugar en donde está el teléfono, la luz, otra, la del cuarto, con un lápiz invisible dibuja tu cuerpo sobre la sábana destendida, no te fijas mucho en ella, una segunda voz soñada te dijo, “editaré en lienzo elásticas letras con la prisa y el pudor con que tu sombra oculta la desnudez que lanza la luz hacia tu cama”.

El teléfono es exacto, marca el número grabado, y tú al escuchar la voz que te saluda, dices rápidamente, no llames al comienzo de mi sueño a leerme versos, en la noche te sueño real y me despierto ataviada de dudas a buscar poemas, los tuyos, en mi cuerpo.

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