Ciudad sin Autos

El conductor de la grúa reclamó al final del día, la comisión no aumentaba en proporción a los autos levantados, y este lunes había tenido que hacer tres viajes adicionales al promedio. Ese mismo reclamo lo escuchó de dos de sus compañeros al salir del parqueadero. La congestión por el alto número de vehículos en las calles se mantenía aunque eran las diez de la noche. Dejó la motocicleta en el parqueadero y no quiso conversar con el asistente del lugar, se quejaba de no haber podido alquilar todos los espacios en el día porque algunas personas no habían sacado el carro.

El martes llovió, la congestión se hizo mayor, el número de autos mal estacionados y averiados aumentó, eso mismo ocurrió con su trabajo, esta vez no pudo salir a las siete de la noche como estaba acostumbrado, le exigieron tres horas más de trabajo. Repitió su queja, esta vez al tiempo con otros dos conductores, la comisión debe aumentar al ritmo en que se recogen autos de la calle. En la ruta hacia la casa debió superar más trancones de los esperados, aún a esa hora en algunas calles las filas eran largas. Se sorprendió de ver tantos autos varados, también sucumbió a la curiosidad, en una de las avenidas por las cuales pasó, varios policías revisaban el contenido de un vehículo que por haber estado sin conductor toda la tarde fue reportado como sospechoso por los vecinos.

El hombre del parqueadero estaba furioso, esta vez tuvo menos espacio en el día, casi la mitad de sus clientes no habían ido, entonces todos esos lugares estuvieron ocupados sin poder alquilarlos. Dejó la motocicleta, sacó un paraguas y siguió los mismos pasos de cada noche. Una calle adelante debió cambiar de acera porque dos hombres peleaban, uno de ellos reclamaba al otro por no cederle el paso, el otro repetía insistente, “no me importa”, si quiere pásele por encima. No quiso saber más sobre todo porque el móvil sonaba insistente, lo llamaba su esposa, le contestó y sin saludar le dijo, “estoy a una calle”.

No pudieron sacar la grúa, el miércoles solo unos pocos propietarios de los vehículos habían pasado por ellos, los demás estaban ocupando espacio, demasiado, y en la noche anterior los del turno nocturno habían traído muchos autos, incluso algunos debieron dejarlos fuera, en una calle continua al lugar. El administrador estaba enojado, con todos sin que de ellos fuese la culpa. Para poder dejar los autos fuera del parqueadero debió contratar a unos vigilantes para cuidarlos. Ahora no podía permitir que las grúas trajeran más autos, así que todo se congelaba, las comisiones por traer autos, los ingresos por uso del parqueadero para mantener el flujo de caja, y otras cuestiones que cuando las dijo no le entendieron claramente.

En la radio, el director de la policía de tránsito advertía a los propietarios que estaban dejando sus autos abandonados en las calles que la multa sería la más alta por esta infracción. En televisión, los noticieros de la mañana ofrecían imágenes de diferentes lugares en donde no había manera de transitar con autos porque la fila de abandonados era muy larga o porque simplemente estaban alineados uno al lado del otro sin poder ser adelantados de manera alguna. Además, se veía en las imágenes como algunos desesperados bajaban las cosas de sus autos, lo dejaban y empezaban a caminar sin dar explicación a nadie.

Al final de la noche, el ejército y la policía fueron congregados para actuar rápidamente en la noche y quitar todos los autos abandonados, los llevaron a los parqueaderos de las guarniciones militares, otros los sacaron de la ciudad. A las seis de la mañana habían limpiado casi toda la ciudad, las calles podían ser transitadas por todos. Fue un día de menos autos en la calle, las grúas tampoco salieron por la misma razón del día anterior, no había espacio en donde ponerlos. En el parqueadero donde dejaba la motocicleta tampoco había espacio, el hombre del parqueadero había sido derrotado por la furia y en un instante de soberbia había sacado varios vehículos a la calle, no le sirvió de mucho, la noche siguiente volvió a llenarse el parqueadero y nadie fue por los autos.

El fin de semana habían detenido a muchos propietarios, las calles estaban atestadas de carros, particulares y de uso público. El sistema público de transporte masivo también había colapsado, no había espacio en él para la cantidad de pasajeros que ahora debía transportar. Las afueras de la ciudad se llenaban de autos. Muchas personas fueron obligadas a recoger lo que habían dejado en la calle y llevarlo a su casa. El alcalde prometió que el lunes sería un día normal, sin contratiempos para nadie. En las tiendas de bicicletas y motos los inventarios habían sido reducidos a cero.

El lunes salió más temprano para el trabajo, al comienzo le pareció que todo era normal, sin embargo, cuando llegó a una avenida principal vio nuevamente autos sin conductores en la calle, y a muchas personas yendo en moto y bicicleta. Se detuvo en una esquina, le pareció oír gritos, así era, una discusión se presentaba en una estación de gasolina, varios autos habían sido dejados en la entrada, ahora nadie podía entrar a hacer compras, quizá tampoco nadie iría a eso.

Una persona que salió de uno de los autos lanzó fuego a su auto, una toalla empapada en gasolina cayó sobre el tanque de la gasolina, ahora todos corren, unos adentro de la estación, otros, los más prevenidos hacia afuera, el auto explota, y ocurre lo mismo con otros. A los conductores parece no importarles esto, siguen caminando, un estallido se escucha, no solo en esa calle, también en otras, se ven espirales de humo en varios lugares.

Nota. No sé si existe ya una historia como la que escribí, sin embargo, la idea corresponde con las novelas de Saramago de que en un momento muchas personas hacen lo mismo. (votar en blanco, no morirse, quedarse ciegos)

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