Al otro lado, en este, quiero contar la hisotria.

Hay un lugar en el centro de la ciudad en el que junto a la chimenea un hueco negro brilla con oscuridad intensa. El dueño del local suele poner una manta para que sus clientes no estén preguntándole qué hay en él. Después de asistir regularmente al lugar tuve la oportunidad de verlo, con calma, cuando el lugar estaba casi vacío, el hueco fue despojado de la manta, y como un río oscuro y espeso apareció la oscuridad bordeada por la luz de una bombilla enclavada en la misma pared. La invitación a verlo incluye meter una parte del cuerpo, yo usé mi brazo izquierdo, la oscuridad iba consumiendo la mano y el brazo, la sensación de que el brazo se desconectaba de mi cuerpo era de una precisión quirúrgica. Saqué el brazo y la sensación inversa se iba repitiendo, al tiempo que la piel aparecía en la luz iba sintiendo que se conectaba con mi cuerpo. Me dijeron que después de meter el brazo lo doblara como si quisiera abrazarme, y fue extraño ir doblando el brazo que debería tocar la pared desde adentro, no ocurrió, el brazo siguió de largo sin que apareciera del otro lado, en el que yo estaba o que se golpeará contra la pared. El dueño del local cuenta que una noche metió la cabeza y sintió como se convertía en otra ser, no sentía que fuese un ser humano, su sensibilidad de si mismo era muy diferente a la que estaba acostumbrado. Su esposa lo sacó a prisa cuando vio que se deslizaba sin algún tipo de contención con su propio cuerpo.

Hoy fui, no había clientes, el lugar estaba solo, una protesta de los estudiantes había espantado a los clientes, me senté cerca de la chimenea, recién habían preparado café y me dieron una taza grande, el dueño del lugar que ahora es mi amigo se sentó a conversar conmigo, sentados empezamos a ver que la manta se levantaba, dimos primero un paso atrás luego nos acercamos y quitamos la manta, un árbol se levantaba desde la oscuridad, pusimos las manos sobre sus hojas, una suavidad natural las cubría, de pronto de un movimiento veloz se movió hacia el fondo de la oscuridad. Un rato después, la misma imagen se repitió y el movimiento se hizo con la misma velocidad del instante previo. Apostamos a que la forma volvería y no fue así, perdimos con nosotros mismos, luego, con la taza de café fría en la mesa seguimos esperando sin que ocurriese algo. Se nos ocurrió empezar a meter en el hueco la manta, a la manta atamos una silla, la silla la atamos a una mesa, y fuimos conectando una cosa con otra, así íbamos empujando hacia el hueco todas las cosas. Sin haberlo notado, las cosas empezaron a ser jaladas con mayor velocidad a la que nosotros las empujábamos, fue tarde cuando observamos que la pared de en frente había quedado amarrada a uno de los objetos que entraban velozmente por la voraz oscuridad, solo sentimos el golpe de la pared sobre nuestros cuerpos, fuimos empujados y caímos sin opción alguna.

Al otro lado, en este, quiero contar la hisotria.

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