La mujer llega tímida hasta mi mesa, al ver mi libreta de notas cambia de estación anímica y empieza a decirme, puedes ver mi cuerpo y recorrer mis formas y los espacios abiertos permitidos por la ropa, puedes fijarte en mis prendas y mis modos de hablar o caminar, puedes suponerme sexual y fogosa, todo eso se lo perdonaría, pero usted me está narrando, su mirada ha clavado en mí historias que sin conocer me pertenecen, su voz ha destinado caminos para mis pasos, ahora una parte de mí le pertenece y luego le pertenecerá a quien lo lea. Haga usted el favor de no narrarme