Versos afanados

 

Tus oídos me descubren, leen mi voz, conocen sonidos secretos de mi piel, se conectan conmigo sin verme, me absorben con y sin fe.

El diccionario de mi biblioteca solo tiene una palabra en su primera página, las demás están en blanco. La palabra es amor, y en la definición dice, en construcción, en sinónimos está tu nombre.

Quiero leerte desde tus primaveras hasta tus ocultos otoños, apreciar la marea cierta de tus nortes y la insensata lucidez de tu sur caótico.
Quiero nadarte en el tiempo que tu brisa se eleva y tienta, y tibia, y toca, y caliente se eleva como globo.
Quiero ofrecerme de inquilino en cada milímetro cuadrado de tu piel.

Sé cuando tus ojos me miran, los presiento, los intuyo, los veo claros sin dislexia aprendiendo mis formas e inventándome a su modo. En cambio tu nariz hace lecturas secretas de los aromas de mi cuerpo sin que exista modo en que pueda evitarlo o suponer como te apropias de mis olores.

 

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