Examen final

Se sentó en la primera silla de la segunda hilera de pupitres, clavó su mirada en el tablero y mientras abría el libro cruzó sus pies.  Los tenis azules resaltaban más que el blanco de su blusa y el color caqui de su pantalón.  El examen empezaría en unos minutos, estaba permitido utilizar el libro de clase, estaba permitido preguntar a los compañeros, estaba permitido preguntar al profesor, estaba permitido llamar a un amigo y buscar las respuestas en internet para quienes tenían plan de datos en el celular.  La hoja del examen estaba en blanco, una hoja completamente en blanco, el profesor pasó al tablero y escribió lo que sería la prueba de habilitación para quienes no habían obtenido la calificación necesaria para aprobar la clase.

En el tablero decía, escribir una carta de compromiso en la que se lea por lo menos que estudiarán lo necesario para aprobar en el siguiente período de clases. Antes de salir del aula el profesor les dijo que volvería en sesenta minutos.  Ella miró a sus doce compañeros que como ella estaban sorprendidos de lo que les pedía el profesor, todos reían, empezaron cada uno a escribir, ella lo hizo rápidamente, luego le preguntó a quien estaba más cerca si podían compartir lo que habían escrito, el muchacho le dijo que aun no había escrito nada, no se le ocurría que escribir, ella le dejó leer su texto, el muchacho dijo que escribiría algo parecido.

El profesor volvió al salón, le pidió a cada uno que leyera lo que había escrito, así pasaron al tablero y se comprometieron, lo siguiente que les pidió fue llamar a sus padres y leerles la carta, en coro se negaron y también en coro dijeron, está bien, lo haremos.  Ella sintió una pena superior a la que habría sentido al perder el examen, su madre la escuchaba y ella palidecía sabiendo que estaba llorando.  Unos minutos después volvieron a donde el profesor, este les dijo que tendría la misma nota del alumno que había pasado con la menor calificación la clase.

Las cartas de compromiso, iba diciendo el profesor mientras caminaba hacia la puerta, me las muestran al comienzo y al final de cada clase conmigo en el siguiente periodo.  Ella tomó su morral, sacó otros tenis, unos que le gustaban más y que salían mejor con la ropa que tenía puesta, miró los tenis azules, se los quitó y de un bolsillo secreto sacó una hoja en la que tenía anotadas las respuestas a las que ella consideraba serían las preguntas del examen.

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