Te dejo

sociedad de poetas

Te dejo mi noche, la voz callada de mi timidez, mi silencio que grita en el espejo, los números que aun cuento entre dedos y manos.

Te dejo aquel rincón donde cuatro arañas jugaron un cuadrangular de fútbol y esperan el partido final, la música de la canción de la que no recuerdo el título ni el nombre del cantante, la fe en mi propia pereza y mi certeza de que no lo intentaré una vez más.

Te dejo la noticia de un regalo que compré para ti y olvidé entregarte, la sonrisa que el espejo de un almacén me prestó para saludarte, el martillo que quiso atornillar tu pulmón amarillo.

Te dejo los libros en oferta de la librería a la que no fuimos juntos, las cervezas heladas en el desierto donde no acampamos, las huellas de ojos que vieron y no dejaron rastro en la herida observada.

Te dejo, tus noches y días, la voz y el silencio, el lugar y el espacio, la canción y la radio, la negación y la espera, la noche y las bolsas de leche, el país imposible y las velas, el santo y el pobre sin fe, la risa y el rito.

Te dejo las invisibles ojeras, las orejas calientes, la botella vacía, el día que va, la noche que vino, un ovillo de hilos azules, la llave de y la  puerta secreta, el golpe invisible que no recuerdo de dónde provino.

Te dejo la lluvia de arena que ciega mi oído, el paseo en el parque, las botellas de vino, las excusas, los ritos no aprendidos, la tinta azul de un bolígrafo azul encontrado en el parque, la mancha de café en un lugar de la mesa.

Te dejo; no hace falta dejarte nada, igual, así te dejo.

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