Suerte de principiante

Hace un tiempo estuve en “La Casona”, una pensión en Málaga, Santander. Eran las once de la noche, yo había estado bebiendo aguardiente y cerveza desde las tres de la tarde con unos señores a los que les estaba comprando unos caballos. A las nueve de la noche, no sabía de donde era vecino, tenía claro que la pensión estaba al lado del templo, frente al parque, fui tanteando el camino, de a poco acorte distancia entre mi ebriedad y el lugar de alojamiento. El sueño me venció en la iglesia. Ahí estuve durmiendo tal vez diez minutos.

La mujer que atendía la casona me había visto dar tumbos por el parque, dejó que me durmiera, luego pasó hasta la iglesia, me levantó y llevó hasta la pensión. No me llevó a mi cuarto, Yo borracho como estaba no sabía quien me estaba ayudando, es más, ni siquiera sabía que me estaban ayudando. La mujer me desvistió, cada que yo trataba de hacerle preguntas ponía su mano, eso sí, con dulzura, sobre mi boca.

A las cuatro de la mañana el dolor de cabeza propio de la resaca me despertó. Tenía sed, traté de identificar donde estaba, no sabía quien dormía a mi lado. Una mujer de por lo menos setenta años, completamente desnuda estaba a mi lado. Me levanté asustado, busqué mi ropa, estaba organizada en una silla cercana, la tomé, me vestí, la puerta estaba cerrada, salí sin hacer ruido. En el interior de la casona la oscuridad impedía que pudiera caminar con prisa.

El día que llegué a Málaga, al entrar a la casona me sorprendió el aroma a caña de azucar y piña que había en el lugar. En la oscuridad lo único que reconocía era el olor. Un golpe de la rodilla contra una banca de madera me hizo pensar en maldecir y dar patadas, recordé la banca, dos puertas adelante estaba mi cuarto.

No quise pasar a desayunar al comedor, traté de pasar desapercibido al salir pero una muchacha de no más de veinte años me dijo:

– Al señor le gustan las ancianas, son raros ahora los hombres.

El día anterior había estado hablándole a la muchacha, le había propuesto un par de aventuras, quería dormir por lo menos una noche acompañado en Málaga. A mis veintidós años no se me había ocurrido que pudiera ser con una anciana. La miré sin que se me ocurriera algo para defenderme. Solo atiné a decirle, suerte de principiante. No he vuelto desde entonces.

Oscar Vargas Duarte

Un comentario en “Suerte de principiante

  1. ¡Jajaj! ¡Eso tiene una extraña sincronía con la historia que estoy publicando por capítulos! No lo digo por hacerme propaganda, es que es así, además, la historia que estoy subiendo es cierta y me pasó hace unos meses. Espero que la leas, creo que te hará gracia, Es la serie de post “Anécdotas de bar”. Un besote

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s