Lugares comunes

Uno empuja al otro, el otro igual, se responden las groserías con un tono superior al anterior, han estado así durante los últimos cinco minutos.  A mí me sirvieron una cerveza que no estaba fría, me la empecé a tomar con un poco de fastidio, cerveza caliente cuando la esperaba fría.  El hombre más alto le dice al otro que no tiene ningún derecho a reprocharle aquello por lo cual le reclama, se empujan, se maltratan verbalmente, yo los tengo que escuchar, no puedo alejar mis oídos de su charla.  Se empujan, me irritan, se gritan, me molestan, golpean la mesa, tomo cerveza que no está fría.  Otra vez llamo al mesero y le recomiendo poner a enfriar un par de cervezas, él insiste en que todas están frías, yo me levanto las gafas con el ‘dedo del corazón’, hago pistola mientras las subo.

Hay un televisor a unos metros de mi mesa, por alguna razón el canal seleccionado es uno de los que solo pasan comerciales de productos de belleza, ahora pasan algo acerca de una crema para el cuerpo que aumenta el nivel de las celulas que se agrupan en los senos y las piernas.  Los hombres siguen discutiendo, yo miro nuevamente al mesero, me hace un gesto de aprobación con los dedos, en la calle la lluvia ha empezado a agrietar a las personas que pasan bajo sus gotas.

Los hombres siguen empujándose y diciendo groserías.  Ahora escucharé lo que dicen.

– Eres un $#%#%

– Y Tú un #$$”#%&%&

No quisiera escucharlos, no puedo evitarlo, apenas lo intento vuelvo a su conversación.

– No soy culpable.

– No entiendo de qué hablas

– Claro que lo sabes.

– Habla claro, dime de que se trata.

– Ya viste el papel, ya lo viste y sabes lo que dice.

– Eso que tiene que ver conmigo.

– No, pues, ahora no sabe.

La discusión, limpia de palabras iba en eso antes de que salieran a la calle a darse golpes.  Yo miro sus sillas, debajo de una de ellas está un papel, no es un sello de las botellas de cervezas, parece una receta médica, la tomo, la pongo en mi bolsillo, me voy hasta la caja, pago y salgo a la calle.

Uno de los hombres está sobre el otro, lo golpea, un puño continúa después del otro sobre su rostro.  Yo miro la receta médica. Uretritis masculina por clamidia.

– Sos un %$”$$”&, además de tirártela tenías que contagiarla, no se te ocurrió que yo también me la estaba tirando.

Oscar Vargas Duarte

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