Eran las cuatro de la mañana y estaba muerto hacía doce minutos. Yo observaba mi cuerpo por todos los ángulos, inmóvil sobre la cama, con una tibieza que iba decayendo. Veía el celular en la mesita de noche, pensaba en llamar a alguien, por supuesto mi cuerpo no correspondía con mis deseos. No pude llamar a nadie. Se me ocurrieron todos los nombres de personas que debían enterarse de mi muerte, recordé el tuyo, supe entonces que mi muerte había sido en vano, quería olvidarte pero aún muerto te recordaba.
Oscar Vargas Duarte