Disparos y Conjuros

Esta mañana los disparos se escucharon lejanos, distantes.  Le dije a mi madre que había dormido tranquilo, solo me había despertado unos minutos antes de que los disparos sonaron, claro que no fue como las noches anteriores en las que me despertaba cada vez que el sonido de las armas de fuego rompían el silencio, esta vez fue al contrario, esta vez me desperté para escuchar los disparos que me parecieron distantes, lejanos, imposibles de repetirse, sin eco.  Mi mamá sonrió conmigo, ella también durmió tranquila, le pareció extraño que esa noche no la hubiera despertado el ajetreo de las armas de fuego con las que los hombres de las diferentes bandas quieren hacerse con el poder en la zona.

 

Le pregunté por mi papá, entonces sonrió más, tampoco había llegado la noche anterior a molestarla, no había llegado con su borrachera ni con sus histerias, no había llegado a despertarnos a todos y no la había golpeado a ella.  Desayunamos unos huevos con cebolla y tomate, yo tomé chocolate y ella café.  Estuvimos viendo desde la ventana el techo de las casas de los vecinos, nos abrazamos, reímos del gris espumoso con el que se veía el paisaje.  Tocaron a la puerta.

 

– Es mi esposo.

 

Yo miré a mi mamá y supe que todo había terminado, nos vestimos para ir hasta el otro barrio, mi mamá me dijo que iríamos a comer helado y me contaría una historia sobre sus abuelos.  Yo sabía aquello desde hacía mucho, igual lo de mi padre, ya no iría a molestarnos.

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