Tréboles de cuatro hojas

Eran las dos de la tarde, estábamos cansados de ver televisión, así que decidimos salir a la calle a caminar, llamamos a otros amigos, de los que podían acercarse rápidamente. El último en llegar fue Iván, a él le pedimos escoger qué hacer, estuvo más de diez minutos haciendo sugerencias, unas y otras fueron descartadas, a veces por el costo, otras por complejas. Iván se enojó, dijo que la decisión sería de él y nadie debería ponerla en discusión, así que antes de que pudiésemos contrariarlo nos dijo a todos, vamos al parque a buscar tréboles de cuatro hojas.

El parque era recorrido por unos abuelos que caminan alrededor, los niños jugaban en los juegos propios de su edad, algunas personas hacían ejercicios, otros jugaban en una cancha de fúbol. Nosotros, los catorce despistados que seguimos a Iván, estábamos buscando tréboles. Pronto, la gente empezó a notar que nuestra cabeza estaba todo el tiempo agachada, estábamos viendo hacia el piso, unas veces bastante cerca de la superficie del parque.

Antes de que alguno de nosotros hubiese visto el primer trébol, una anciana se acercó a preguntar si habíamos perdido algo, a ella le parecía haber visto un objeto brillante cerca de la zona de juegos de los niños. Le explicamos que buscábamos tréboles, claro que uno de nosotros se ofreció para observar si donde ella había visto el objeto brillante había algo que pudiera haber sido perdido. No encontró nada. Volvió a la búsqueda de tréboles, sin que la anciana se alejara de su lado, ella también buscaba tréboles.

Unos niños se juntaron en la búsqueda, con ellos sus padres un poco enojados porque los niños querían estar acompañados, se les escuchaba a los niños pedirle a los padres ver en lugares en donde los niños consideraban que habían tréboles de cuatro hojas. Hubo personas que sin conocerse hicieron equipos para buscar lo que ya empezamos a pensar era un tesoro. Iván dijo que habían más de cincuenta personas en la misma búsqueda nuestra.

Iván me pidió que me alejara del centro del parque hacia un lugar desde donde se podía ver todo, los otros amigos llegaron al mismo sitio, luego vimos como en el parque todos buscaban tréboles, como la mirada estaba concentrada en el piso. Seguimos viendo, poco a poco unos se iban sonrientes con un trébol en sus manos, otros aplaudían cuando ocurría el descubrimiento.

Desde nuestro lugar de observación constatámos que más de doce personas encontraron tréboles, vimos como se fueron soñando con la fortuna que se supone da encontrar uno de estos, Iván nos dijo que viéramos hacia el piso, no lo habíamos notado los demás, debajo de nosotros una cantidad suficiente de tréboles para que cada uno de nosotros domara uno, un trébol de cuatro hojas para cada uno.

Oscar Vargas Duarte

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