A veces descubrimos lo que nos conecta con el otro cuando algún aroma propio, un color que nos gusta, una mirada tardía, una imagen repentina, una forma nos trae de manera inconciente, pero fuerte y profunda, la sensación de que el otro existe por y para uno, no en el sentido de dependencia, más como efecto de la libertad para amar sin otra complacencia que la de hacerlo libremente.
Puede que me encuentres mañana mientras terminas de tomar yogurth en el desayuno o cuando culminas tu oración diaria con la que pueblas de bendiciones tu día, quizá me descubras al bajar las escaleras o en el momento que observas el paisaje propio de alguna de las avenidas que te llevan a la oficina.
Oscar Vargas Duarte