Pastillas

En una de las calles del centro de la ciudad habían visto al hombre que escribía el nombre de las personas en un grano de arroz; no hay magia en el asunto, eso pensaron y dijeron, una máquina de tipografía convertida en objeto de arte artesanal. El hombre se sorprendió al recibir la solicitud, no supo si contestar afirmativamente o simplemente negarse, claro está que después de un minuto extenso obtuvo una propina anticipada, luego, recibió las pastillas y sobre ellas escribió el nombre de ambos, cada uno debería recibir una pastilla o no habría matrimonio.

El miércoles, en una hora sobre la cual la certeza no era importante, desataron la ropa y la convirtieron en parte de la alfombra, no se besaron, no hacía falta, ni siquiera miraron sus cuerpos desnudos, tan solo se acostaron desnudos el uno junto al otro, luego se abrazaron y dejaron que el sueño los consumiera. El sueño no era fértil, era un sueño sin semillas, un sueño sin afanes, un sueño del que no despertaron porque las pastillas que tomaron juntos cumplieron su cometido.

Oscar Vargas Duarte

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