Esta noche él tose, tiene una tos aguda que no ha podido curarle con agua, ni con sales, ni con medicinas naturales. La tos se hace profunda, se oye hueca entre túneles, ella está angustiada, jamás lo había visto enfermo de alguna cosa, se siente culpable, en la mañana, mientras hablaban con unos amigos lo acusó de ver con ojos de gato a la vecina, asuntos de mujeres, que los celos a veces llegan porque la situación obliga a encender las alarmas, la mujer que vive en el apartamento de arriba se contonea como si su cuerpo fuera encuentro de citas. Él no respondió con palabras a la acusación, tan solo dejó ver una tristeza metálica en sus ojos.
El sigue tosiendo, le da más agua, le golpea suave la espalda, la tos continúa. Ahora que lo mira indefenso, sin juegos que le permitan seducirla, ahora que lo observa con la cabeza hacia abajo mientras intenta zafarse de la tos que lo apresa, solo en este instante ella piensa en el origen de los pétalos con los que él la acaricia, tan solo él los va dejando sobre su piel, nunca había pensado de dónde los obtiene. El hombre tose con angustia, a ella la desesperación la sacude y sin darse cuenta le da un golpe más fuerte abajo de los hombros, entonces el hombre escupe un tallo verde lleno de espinas.
Oscar Vargas Duarte.