Afuera llueve mientras adentro todo se lo traga el silencio

Ella duerme, esta noche no quiso amamantar con su piel mis deseos de sexo, es así, no era otra cosa, esta cama y las horas que dormimos en ella son una cortina de humo con la cual evitamos hablar del óxido que se nos prendió de pronto mientras que los días sudaban horas y sumaban más días.  La verdad no creo que duerma, me parece que cuando está profundamente dormida ronca, ahora no me interesa comprobarlo, estoy leyendo una revista en la que hablan acerca de la importancia de la comida en la evolución de las culturas modernas, cualquiera que lea creerá que soy un intelectual con profundas raíces y contenido liberal; me la prestó el portero, a él le llevamos todo lo que ya leímos, así que alguien la pasó esa revista y él, cuando me vio llegar me la pasó, me dijo, léala, deje que esta sea mi venganza, que sus revistas sobre computación son igual de aburridas.  El asunto me pareció divertido, así que tomé la revista y acá estoy, habiéndome sido negada la entrada al umbral sexual de la mujer que duerme conmigo me dejo llevar por la historia de la comida.}

Hay una receta para hacer una infusión, como agua aromática la nombran también, dice que produce sensaciones erótics, solo con el aroma, quien dijo miedo, directo a la cocina que los ingredientes seguro están ahí. La mujer de quien se que se le aproxima el ronquido, compra hierbas y frutas como si solo exstiese eso como comida.  Esta no puede ser la excepción, me quemé un dedo, no se cual porque me duelen todos.  El aroma es irremediablemente atractivo, realmente este aroma me gusta, punto para el portero, punto para la revista.

La mujer se despertó, ha llegado a la cocina, me mira intrigada, pregunta, respondo, vuelvo a responder, me justificó, razono, no quiero alterarme, esta infusión es deliciosa, por fin ella se atreve, la bebe, un sorbo, otro, parece ser que la infusión está logrando su objetivo.  Me voy al cuarto.

Unos minutos después empieza la conversación de la mujer que debería estar durmiendo conmigo, le habla a su mejor amiga, susurros, voces de a poco, palabras diminutos, quejidos.

Oscar Vargas Duarte

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