Insistí en quedarnos otro rato, debí prometer acostarme temprano durante toda la semana, sin ver televisión, sin leer, sin estar en internet o ver películas. Yo quería ver unos libros que estaban vendiendo en uno de los tantos lugares que habíamos visitado, tuve la sensación de que un libro que vendían de Bukowsky tenía una dedicatoria, cuando lo vi mantuve la atención de indiferencia para hacerle creer al vendedor que no tenía interés por el libro, le había preguntado el precio y me sentí aliviado porque estaba dentro de mi presupuesto.
Me pediste que viéramos otras cosas antes de ir por los libros, te parecieron llamativos unos adornos antiguos que una jovencita vendía, estuve viendo contigo los adornos, primero unos que estaban hechos en tela, luego otros con madera, y así hasta que otros compradores llegaron y dejaron de ponernos atención. El libro de Buko estaba ahí, esperando por mí, volví a verlo, encontré la página en donde la dedicatoria había sido firmada, no era fotocopia, y me pareció bastante original, al llegar a la casa tendría que buscar imágenes de la letra del escritor norteamericano para, con mi poca experiencia en grafología, confirmar que se trataba de él.
Estaba muy concentrado en mis ideas acerca del libro, por eso descuido tus pasos, cuando me di cuenta te habías ido a no se donde, desenrrollé los pasos, y te encontré agachada viendo unos patines de cuatro ruedas que vendían en otro sitio. Me hice detrás tuyo, quería que pensaras que había estado ahí todo el tiempo, con el libro en la mano y los ojos siguiendo todos tus movimientos, te levantaste a preguntarme si tenía efectivo, claro que sí, compraste los patines, no pregunté nada, solo vi tu rostro y entendiste que debías ofrecerme alguna explicación para la compra.
Me diste los patines, los miré al comienzo sin mucha atención hasta cuando vi que en uno de los lugares metálicos, junto a las ruedas, estaban marcados los dos con tu nombre.
Oscar Vargas Duarte