Es un mar sin olas, que se congela a veces,
otras tantas, una tormenta herida de olas gigantes.
Reconozco en mi el miedo y me pierdo.
Es un tiempo borrascoso, sin fin,
una pérdida de vidas propias
que aniquilo una y otra vez para liberarme.
Se que dudo y temo a la afrenta.
Así voy, con la certeza de llegar a la Nada,
viniendo de ella misma, y transitando por ella.
El camino es una ruta abierta por ebrios,
en él voy sobrio y temeroso.
Todo ocurre mientras te nombro.
Una sucesión de pasos previos
a la pasión que desprevenido me encuentra.
Este amor que existe en mí, aún sin tí, aún contigo.
Oscar Vargas Duarte