Observaciones para amar a un poeta

He aquí algunas observaciones para que tengas en cuenta si es que de verdad has decidido amar a un poeta.

Lo encontrarás ebrio constantemente, será irascible e incoherente, igual brillante como el mejor de los poetas pero oscuro y agrietado a tal punto que cualquier palabra incierta lo derrumba.  En esos momentos no le digas que está borracho, tan solo reconócelo, mira que es uno de los momentos en los que el abismo lo carcome, lo reduce, lo sepulta en el asfalto de sus caníbales instintos, él debe superarlo con las únicas armas que puede tener; tu amor si es que lo amas y su locura si es que la comprendes.  Si no lo amas, ni comprendes su locura es mejor que te alejes, déjalo así, él buscará en su soledad Quijotes y Sanchos que lo acompañen hasta una dulcinea que lo sostenga.

Su amor es corrosivo, antes que oxidarse prefiere corroer el metal con ácidos.  Es pasional y obsesivo.  Si tienes miedo al palpitar constante de sus pensamientos sobre tus actos, entonces desiste de seguirlo y huye con prisa; en cambio, si tu piel es de pétalo inocente, abrázalo que él te quemará y se hará ceniza contigo.  No te afanes en su silencio, déjalo callar que su voz callada es una línea de silicio que lo ahorca sin que tú lo sepas.  Cuando logres superar sus silencios sabrás que muere una y otra vez en ellos, sin embargo, debes tener claro que solo tú permaneces.

El sueña, un sueño constante, de pendular sentido que lo mantiene elevado y oscilante, pero su sueño a veces es la muerte, entonces tú deberías sanarle las heridas sin conocer sus sueños ni esperar que las heridas le sangren en los brazos.  Quizá, muchas veces él presienta serpientes que le suben por las piernas y voces que le ahogan la garganta, seguramente no verás la colmena que lo habita ni escuches el zumbido de la abeja que lo recorre de oreja a oreja.  El sueña y quiere que tú seas su único sueño, pero son demonios los que lo conmueven y contemplan en el incierto camino que hay entre la luz antes del sueño y la luz en el mismo instante.

El no sabe de erotismos ni de sexo, su búsqueda es otra, él reconoce tu amor y sabe que tendido sobre tu cuerpo se hace hombre, se hace humano, es dios y guerrero, es por eso que lo sentirás un día besando tus tobillos y mordiendo tus pies, en esos momentos está viviendo la plenitud de tus esencias, es así, mientras tú crees que te besa, él se conmueve, mientras tú piensas que te acaricia, él se convierte en tu piel, mientras tú crees que te sigue él es tú en cada instante.  Solo la comprensión de su lenguaje o la aceptación del mismo en oscuros espirales lo arropará para que no sienta el frío de tu indiferencia.  Ahora, cuando estés dispuesta, solo cuando estés dispuesta y sin más bandera y escudo que tu amor, entonces, en ese instante dile que lo amas.

Oscar Vargas Duarte.
pd. a esto le faltan más párrafos

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