Yo me tiro a su novia. Él lo sabe, aún así me saluda
solemnemente, de seguro es una manera de vengarse de mí. Unas veces es
Señor .., otras Don … Él toma mi mano con la palma de la suya abierta y
luego la cierra y aprieta en la medida exacta. Yo recibo su saludo de la
manera más cordial, no podría hacerlo de otro modo, y le devuelvo el saludo con
las preguntas más trilladas en la comunicación urbana, cómo le va, que tál,
cómo va todo? Imagino lo que piensa, todo va mal, usted se tira a
mi novia cada que se le viene en gana, ella me ama y usted tan solo quiere su
cuerpo, bueno yo también pero solo para mí. Siempre imagino una cosa
diferente pero el hombre mantiene en alto la sobriedad en su saludo y en la
conversación que posteriormente él dirige. Lo veo, cuando el descuida su
mirada lo miro a los ojos y lo imagino pensándose a sí mismo como noble y
mártir, como valiente enamorado, quijotesco en su más profunda locura.
Yo me tiro a su novia en su cama, en la de ella, una cama amplia que le regaló
su padre cuando ella decidió vivir en un apartamento, sola, como una soltera
comprometida con la libertad de los jóvenes maduros. Él no es recibido en
el apartamento, cuando la visita como novio debe hacerlo en la casa de los
suegros, siempre formal lleva flores y es recibido con bastante cariño en la
casa. Él no ingresa al apartamento, ella siempre le dice que solo cuando
se casen podrán estar ahí solos, o cualquier excusa que la entraña le permita
susurrarle al oído mientras él no quiere soltarle una de las tetas y se aferra
a su cuello. Las sesiones de sexo, que las tienen continuamente se
suceden en moteles caros, en donde él paga con tarjeta de crédito y ella pide
las habitaciones más lujosas. Me saluda solemne, como un alumno de
colegio al profesor más respetado, me deslumbra su cortesía y decencia, me halaga,
pregunta por lo importante y cuando la ocasión se presenta en medio de un grupo
de amigos o conocidos, sus palabras son dignas de que al escucharlas uno las
alabe, es su mensaje de diferencia de superioridad conmigo. Yo pienso que
es a propósito que quiere hacer sentir esa diferencia.
Yo me tiro a su novia los sábados en la tarde, algunas veces los miércoles en
las mañanas y también los domingos por la noche. Me quedo en el
apartamento de ella los sábados y los domingos. Ella lo cita para que
pase por ella después de las ocho de la noche. El apartamento es tan
amplio como ella quiso, se lo regalaron los padres, y lo amobló una de sus
tías. Llego desde las tres de la tarde, llevo películas, comida ligera, y
me meto en su cama, primero me estiro como gato a su lado, vemos la película,
comemos, reímos de sus apuntes acerca de los actores de cine, luego nos
juntamos en cucharita un rato, hacemos el amor y nos duchamos juntos. Es
curioso que la llame siempre en dos momentos, cuando ella se contrae al regalarme
un orgasmo y cuando yo le aplico a ella crema por todo su cuerpo. Ella se
expande milenaria sobre mi cuerpo y reconoce mi piel con la suya mientras lo
saluda y lo despide. Mientras le habla y le envía palabras cariñosas me
acaricia el cabello y me hace gestos con su boca.
Yo siento sus palabras envenenadas como si me escupiera insecticida en el
rostro, su cultura verbal supera cualquier idea que me haga de ella. En
el apartamento me quedo esperarla, veo televisión, preparo comida, ordeno los
libros que ella riega debajo de su cama. Tiene una manía extraña con
ellos, los deja regados por todos los lugares del apartamento, siempre me dice
que es para ser sorprendida por algún personaje en el lugar menos esperado,
pero la verdad es que le fascina verme buscando libros para leer mientras la
espero, de hecho jugamos a medir el tiempo que tardo en encontrar alguno.
Generalmente no llega después de las tres de la mañana, pero a veces, me dan
las cuatro y me quedo dormido, luego ella me despierta con un timbre insistente,
salgo, le abro la puerta y entonces me pide que la lleve en brazos a su cama,
allí dormimos hasta la media mañana. Hacemos desayuno, tomamos una
porción de sexo que suele ser una manera usada por ella para despejarse el
desaliento del sueño. En la tarde él la invita a cine o quedan de verse
en la casa de los suegros, yo me quedo a escribir historias en el apartamento
de ella, algunas veces me embriago de tal modo que cuando ella llega me debe
levantar de la sala, buscar mis escritos, ordenarlos, llevarme a la cama y
dejar mis cosas listas para cuando salga de afán no se me quede alguna.
En las ocasiones en que me emborracho en su casa, ella toma uno de sus labiales
y escribe versos sobre mi cuerpo, hace dibujos, unas veces de ciudades otras de
planetas inexistentes.
Yo me tiro a su novia. El otro día en una conversación, en medio de un
grupo de amigos comunes, una de las personas que estaban siendo parte de la
charla hizo alguna observación sobre el gusto de las mujeres por los amantes
con experiencia y resistencia sexual abundante. El tomó el tema y lo
dieseccionó de tal modo que cuando terminó de decir que seguramente las mujeres
podrían tener un amante solo por placer sexual yo me había puesto a pensar si
mi relación con su novia era un asunto meramente sexual o una coalición entre
nuestros deseos infantiles para mantenernos irresponsables sin pensar en los
otros, incluso llegué a pensar que éramos hermosos caníbales que se cedían
partes de su cuerpo para que el otro mantuviera satisfecha su gula. La
verdad es que no se en qué terminó la charla. Un día ella me preguntó si
quería saber cuál de los dos era mejor en la cama, entonces le dije sin que
ella tuviera oportunidad de razonar que él debía ser mejor, el mejor de los
hombres con ella en la cama, ella estaba un poco ebria, tan solo me dio un beso
entre risas, tomó el teléfono y lo llamó, estuvo hablando con él por dos o tres
horas. A él le gusta que su zona púbica esté siempre depilada, a mí en cambio, la suavidad de esos vellos negros me hacen decir cosas extrañas cuando los encuentro, claro está, cada cierto tiempo utilizo mi cuchilla y la dejo como a él le gusta, él no lo sabe, a ella le gusta como a mí, espeso, profundo como un bosque o en crecimiento como una llanura. Son gustos, y ella se deja llevar por mis juegos, aunque luego sea él quien se sienta halagado.
El día en que él le propuso matrimonio a ella le pareció prudente y necesario
pedirle un tiempo, del que ya van varios años sin que ella se decida a tomarle
en serio la charla cuando él intenta poner nuevamente el tema. Para él el
matrimonio es una obligación del hombre con la sociedad, por lo tanto, todo
hombre y toda mujer en cierta edad deben comprometerse, tener hijos y mantener
el ritmo normal de la sociedad. A mí me parece bien que piense así, ojalá
ella se casen, eso mismo piensa ella, solo que a ella le da un poco de temor
luego no poder seguirse viendo conmigo, sobre todo porque perdería la oportunidad
de leer mis textos en el mismo instante en que se fríen y tampoco podría
mostrarle a alguien sus pinturas abstractas que conserva solo por quince
minutos antes de quemarlas como si fuese un acto de hechicería.
Yo me tiro a su novia y no tengo ningún arrepentimiento sobre eso. Ahí
viene él, parece que habla solo, camina hacia a mí, no creo que me extienda la
mano como lo ha hecho siempre al saludarme, si lo hiciera se le caería el
cuchillo de la mano, de cualquier modo, yo tengo las mías atadas y no podría corresponderle
el saludo.
Oscar Vargas Duarte.