Me iré solo

María, creo que viajaré solo en el río de la soledad, ella parece no creer que el barco algún día ice velas y leve anclas.  Ella verá al barco partir y aún estará creyendo que el marinero que la busca a diario estará ahí, debajo del balcón de su cuarto, conquistándola como el tiempo solo existiera para ella.   María, seguiré solo, recuérdalo para que en las mañanas cuando tomes tu café o en las tardes después de tu cigarrillo pienses en que mi soledad es el verso que se encoge y estira en las lecturas que extranjeros hacen de mis textos.
 
María, mi valentía no es de quijote, creo que el barco zarpará pronto y no me quedaré en la tierra, en este puerto viendo al agua recorrer el tiempo.  María, estos versos son un presagio de la nada que vendrá, los dejo para tí, para que recuerdes luego que hubo un tiempo en el cual la decisión era otra pero las circunstancias se prestaron más para ruegos que para cantos.  María, hablaremos más tarde, cuando toda palabra sea una composición del mundo sin importar que el amor haya caducado.
 
 
 
Oscar

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