Las dos de la mañana es una hora olvidada, el reloj marca insensible los minutos, yo continúo expectante no puedo determinar el origen de los ruidos, me dispongo en posición felina, levanto la cabeza, doy un giro, me dejo caer al piso, simulo cuanto puedo los pasos del silencio, cerca de una puerta vecina el sonido es más cercano, la agitación se huele, puedo percibir incluso el movimiento de una rodilla sobre las sábanas, todo me es posible de ser escuchado. Conecto mi oído a la puerta, escucho ahora un silencio que me obliga a retirarme. Me acomodo nuevamente en el sofá, reconozco que no estoy en mi cama, no estoy en mi casa, lo recuerdo, me quedé dormido en casa de mi amigo, incluso antes de que terminara la fiesta, ahora no se quiénes están en el cuarto, se me hace urgente saber quiénes quebrantan y seducen su desnudez en el cuarto. Voy hasta la puerta, dejo el miedo apagado en el sofá, voy hasta la puerta, la agitación se acelera, el temor aumenta en mi pecho.
Mi celular timbra, reconozco su sonido callado, paso rápidamente a la posición inicial en el sofá, tomo el celular, mi novia me habla. – Hola, estoy en mi casa. Sigues aún durmiendo en el sofá, parecías una hermosa roca, no quisimos despertarte. – Me desperté hace unos minutos. Paso a tu casa? – Ven, ya están tibias las sábanas. Ahora el miedo se descompone en deseo, ya no me irrita pensar en quiénes están en el cuarto. Busco la puerta para salir, sin embargo, los sonidos me atraen nuevamente, abro la puerta, no veo ningún cuerpo, es el cuarto de mi amigo, los mismos objetos de siempre, ahora si noto que alguien duerme, la calvicie de mi amigo lo delata. Unos minutos observando la imagen me hacen pensar en innecesarias aventuras. Cierro la puerta. Abro la puerta. Me voy a casa de mi novia.
– Hola ‘mor
– Hola.
– Traes tu típica sonrisa de lo he descubierto todo.
– Es otro tipo de sonrisa, es por verte, por sentirme observado desde lo profundo de tus ojos.
– Coqueteas aún cuando el frío te tiene los labios agrietados con su hielo.
– Ya me sanarás con tus besos.
– Sigues con tu sonrisa. Cuéntame.
– Vamos a tu cuarto.
Mientras me desvisto le pido a mi novia que busque un reproductor de música, ella me indica en donde está, tomo el cd que saqué de la casa de mi amigo, lo pongo con el volumen suficiente para que se escuche en la sala, la invito a que salgamos, ella no entiendo, le pido que me siga en el juego, ya comprenderá. La beso, la acaricio y de pronto de la habitación vienen sonidos de jadeos, ella me mira, yo le suplico con los ojos que siga, que atienda los sonidos y se deje llevar hasta el extasis.
Oscar Vargas Duarte
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