Me haces falta, sangro latitudes inciertas y me sacudo entre el oriente ausente y el occidente oscuro. Son tuyos mis pasos, es por eso que se asemejan a tus ojos que me miran sin atreverse a verme realmente.
Estoy cayendo. He caído. Todo parece haber entrado en una periodicidad pendular, se que caeré al acercarme a tí, tú me negarás y luego escupirás sobre mi nombre, te alejarás, habrás negado mis ojos en cada una de tus noches, yo volveré y pensaré que esa sonrisa que izaste en la mañana era por mí.
La puerta a tu cuarto está cerrada. Hay ruidos, música. Los celos me pueden, pronto moriré nuevamente, deberé ser una aventura de infancia nuevamente para recuperarme. He perdido el tenedor con el que comía frutas, ahora lo haré con las manos. Una mujer admira la abundancia sincera con la que te quiero. Yo río para ella. Todo desaparece.
Los imposibles llevan tu nombre, es por eso que terminarás con tus piernas sobre mi cintura, cabalgando el imposible sexual de tu excitación sobre los orgasmos grises y oscuros de mi natural absurdo.
Oscar Vargas Duarte