Timbre innecesario

Timbro, nadie contesta.  El hombre de la panadería me mira y se ríe. Se que se burla de mi búsqueda, se que se ríe de mi paciencia. Golpearé los vidrios de las ventanas de su panadería para que se quiebren, ya veremos quién ríe más.  El hombre viene, se me acerca, quiero ignorarlo pero no puedo. Sería una tontería evitarlo.

– Nadie vive ahí muchacho.
– Por qué dice eso?
– Lo se.
– Tengo esta dirección, es de una amiga
– Debieron dártela mal.
– Pero es esta, mírela, está incluso con la letra de ella.

El hombre observa el papel, confirma los datos que están en el papel, aunque parece no querer convencerse mira en la pared los números  y los verifica contra el papel.

– Te das cuenta que no hay muchas posibilidades de que alguien aparezca?
– Podría vivir alguien ahí.
– No creo.
– Es una posibilidad.
– Mira yo he vivido en la casa de enfrente, en el segundo piso de la panadería por mucho tiempo y no he visto a nadie estar aquí. Bueno, ahora tú que insistes en tocar ese timbre.
– Cree que es inútil insistir?
– Absolutamente.

El hombre de la panadería me invita a tomarme un café.  Nos sentamos, él pide café con leche, yo tomo café oscuro.  Estamos un rato mirando por la ventana.  Todo mantiene la normalidad que él reconoce en el lugar.

– Hubo un tiempo en que aquel lugar en el que estabas era frecuentado por muchos.
– Yo estuve alguna vez.  Recuerdo que la mujer que escribió esas letras me dijo, ve a donde quieras y si descubres que en la lejanía me amas entonces al volver me encontrarás.
– Y la amas?
– Perdidamente.
– He escuchado esa historia muchas veces.  Incluso yo mismo la he contado.

Los hombres se miran y tratan de encontrar en sus ojos algún resquicio que les permita ahondar en la aventura que no quieren contar plenamente.

– A muchos hombres he visto ahí hacer lo mismo que tú has hecho.
– Además de tí y de mi hay otros ?
– Sí.
– Sabes algo más que deba yo saber?
– Cuentan que la mujer de la que hablas a todos los hombres les prometía lo mismo, ve a donde quieras y si descubres en la lejanía que me amas entonces al volver me encontrarás.
– Yo la amo, debí encontrarla.
– Todos decimos lo mismo.

El café se les termina.  El hombre de la panadería se levanta, observa al hombre con el que comparte la historia y entonces le dice – Dicen que si uno vuelve a buscarla es porque no supo seguir las instrucciones que ella le dio, porque en la lejanía debimos descubrir a quien amar sin tener que volver a la soledad que nos parió.

Oscar Vargas Duarte

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