Reconocí un poco de mi próxima muerte

Casi muero.  Eran unos minutos después o antes del medio día, en un viernes que no traía consigo treces encima.  La voz me pareció que experimentaba un pérdida de gases, como si oxígeno e hidrógeno desaparecieran de la realidad y todo fuese roca, sin respiración posible, sin movimientos imaginables.  La persona que estaba en la reunión conmigo se esforzó por entenderme, durante tres minutos diluídos en la eternidad supe que esa era la muerte.   Hacía decenas de minutos que los ojos querían ocultarse de la luz y la cabeza suplicaba por una pastilla, ninguna de las dos cosas se dieron.  Fui a la reunión y mantuve la conversación estable, hasta cuando sentí que no podía reconocer lo que decía o lo que debía decir.

Casi muero y no te importa, es tal vez lo único que hace factible la vida, que a alguien le importe.

Oscar Vargas Duarte

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