Te ganas lo que pierdes

La hora en la que la madrugada lo ve caminar por las calles vacías podría ser cualquiera.  Tres y cuarenta y dos minutos de la mañana, solo para mantener la atención de los necios de la exactitud.  Camina, va por el sendero que conoce a plenitud, lo ha recorrido ebrio, sobrio, acompañado con sus amigos, en solitaria vanidad los días en que le han cancelado la quincena y lleva debajo de su brazo una botella de aguardiente para tomársela mientras escucha los discos de salsa que heredó de su papá.

 

 

Hace algo más de diez días compró la lotería.  El lotero lo convenció, él pagó y se olvidó del tema hasta esta noche que el lotero volvió a pasar por el lugar en donde él acostumbra a tomar con sus amigos.  El lotero le pidió que se acercara para hablar en secreto, entonces se acercó al rincón en el que el hombre simulaba buscar algún tipo de comida inexistente en el lugar.  – Se ganó la lotería. Cientos de millones de pesos. Debe ir a comprarla.

 

El secreto profesional de los vendedores de lotería solo es comparable con el de Sacerdotes, Médicos, Abogados y Sicólogos, jamás una palabra acerca de los ganadores de los premios será pronunciada por su boca.  Ellos venden la lotería y reclaman con vanidad cuando se les pregunta si han vendido premios, narran la historia con el mayor de los detalle, sin embargo, dentro de los obligados detalles de la historia no hay alguno que permita reconocer al ganador.

 

Las conversaciones se mantienen dentro del ritmo habitual, “Tal mujer es una frívola insana y tiene a tal fulano buscando viejas en los bares”, “ El mejor equipo del mundo ha perdido tres partidos seguidos, hace veinte no gana un campeonato y la culpa es del último jugador que contrataron”, “Lo que a las viejas les gusta es que las acaricien hasta que no uno se quede dormido de aburrimiento, que va, eso hay es que darles duro, a ellas les gusta sentir la fuerza del hombre en la cama”, “Definitivamente el país necesita otro tipo de líderes, los que tenemos nos llevan por el vacío que deja la inoperancia de la administración pública”. Una tontería tras otra.  El lotero bebió a nombre de todos, y se fue en algún momento después de despedirse de todos.

 

 

La calle solo se llena del viento frío que viene de cualquier parte.  El camina como cualquier borracho, de un lado al otro de la acera.

 

 

El lotero llegó a su casa y encontró a la mujer esperándolo.  Las preguntas y observaciones se hicieron innecesarias e inútiles ante la insistencia de ella por salir a bailar un rato.  Ella quería salir a bailar a cualquier lugar, para ser exactos, ya había pensado en el lugar al que deberían ir.  El lugar ya estaba lleno, pero una mesa en un rincón les sirvió para acomodarse, pedir una botella de ron y bailar mientras la música impedía que los otros participantes del baile escucharan cuando ella le recomendaba pedirle al ganador de la lotería una buena propina.

 

El vendedor de lotería sabe que su esposa le ha sido infiel, que sus brazos han rodeado otros cuerpos y su cintura ha danzado sexo en la ingle de hombres que ni siquiera la recuerdan, sabe que ha escupido semen antes de soltar groserías porque le han desordenado el cabello o la han obligado a tragárselo.  El vendedor de lotería recuerda ese dolor después de que ha bebido bastante, pero esta noche además ha tenido que ver al último amante de su esposa beber con otros en una mesa lejana.  La discusión comienza y antes de que la última canción termine la mujer ha besado la palma de la mano del hombre con un hilo de sangre.

 

El amante está ebrio.  Desde su esquina mira al esposo de la mujer.  Al principio lo hizo objeto de burla, rieron con sus amigos, luego lo hizo objeto de odio, con ese sentimiento lo estaba observando, desde su esquina de boxeador ansioso, vio como la bofetada la hería y entonces pasó por encima de varias mesas y se lanzó sobre el hombre.

 

Los meseros de los sitios del sector son expertos en golpear y terminar peleas.  Un par de minutos después de iniciada habían sido expulsados del lugar los participantes de la pelea.  Debieron pagar por todo, incluso por lo que no alcanzaron a beber, por la mesa a la que le desajustaron una de las tablas, y por una botella de cerveza que cayó de una mesa cercana.

 

 

La mano derecha se acerca a la billetera que lleva en el bolsillo de la chaqueta, una fortuna que apenas mide unos centímetros, una fortuna que gozará, ahora podrá alejarse de lugares que odia, pasear y sobre todo darse gustos y vanidades.

El amante de la mujer y uno de sus amigos se van otro lugar, un bar en el que les fían el trago.  Su conversación está sometida a la fortaleza de la ira, a la fuerza que da la ebriedad.

 

El vendedor de lotería y su mujer se van discutiendo, la mujer le da consuelo, cada paso lo mide con la recompensa que les dará el ganador de la lotería, ahora podrán alejarse de esos sitios de mala muerte, cambiar de barrio y darse la oportunidad de madurar hasta hacerse ancianos.  En el camino encuentran a unos amigos, después del saludo se obligan a comentar el suceso, entonces todos deciden salir a buscar al hombre con el que se presentó la pelea.  La esposa-amante no razona y permite que a su amante lo busquen para lincharlo.

 

 

El billete de lotería está bien guardado, en un bolsillo secreto que trae la billetera.  Cada vez se aproxima más a la casa en la que vive.  Camina despacio para no caerse.  El viento se le cuela por entre la chaqueta roja, pero no se inmuta por eso.  Ahora escucho ruido de pasos que corren, gritos de persecución que no le importan, pero para evitarlos se acerca a la pared de una casa, no puede observar nada, solo se escucha el ruido.

 

 

 

          Viste que salían corriendo, ya no son tan machitos.

          Míralos allá van, se separaron.  Nosotros seguimos al de chaqueta roja.

 

 

Tres hombres alcanzan al hombre de chaqueta roja y lo apuñalan, lo dejan desangrándose en la calle.  El hombre entre sus incoherencias les menciona la lotería que se ganó.  Los amigos del cornudo vendedor de lotería no conocen de metáforas, pero en su lucidez entienden que la lotería a la que se refiere el herido es a la esposa de su amigo, entonce lo golpean más.

 

El vendedor de lotería y su esposa dejan de correr detrás de su perseguido y buscan a sus amigos.  Se encuentran con ellos y se devuelven a golpear al hombre de chaqueta roja.  El hombre ha tratado de moverse pero está apenas a unos pasos, la pérdida de sangre lo ha debilitado, el rostro lo tiene hinchado por los golpes, será difícil reconocerlo.  La esposa no se acerca, no quiere verlo, sabe de sus culpas y mejor se las guarda.  El hombre es pateado en el piso por el vendedor de lotería.

 

          Quitémosle la plata

          Le revisan cada uno de sus bolsillos – apenas encuentran unos billetes.

          Mira, tiene algo en la mano.

          Tratan de abrir la mano para quitarle lo que protege.  No pueden.

          Vamos, con lo que le quitamos ya podemos tomarnos algo.

 

La mujer del vendedor de lotería lo consiente, le da besos y le recuerda los planes que ha trazado para disfrutar de la recompensa que les dará el ganador de la lotería.

 

Oscar Vargas Duarte

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