Sobredosis de cafeína en la oficina

Tu voz surge engreída y suave para someter mi oído y obligarme a una sonrisa. Me quieres y hoy como otros días esás dispuesta a consentirme.  Cuando llegué sabías que el cansancio había escalado sobre las vértebras de mi columna y solo me antojaba de recostarme en la cama a dormir.  Te acomodaste junto a mi cuerpo y antes de que siquiera empezara a imaginarlo, te deshiciste de la ropa con la que estuve caminando el día, ya tenías lista la pijama y con maña me la pusiste.  Jugaste con mis manos y mi cabello, seguiste besándome aún sabiendo que el sueño me había vencido, solo tú podrías perdonarme esa grosería, pero tus juegos continuaron hasta descubrir que las uñas de los pies estaban largas.  Fuiste a algún lugar por un corta uñas y una lima, no se cuánto tardaste en hacer la tarea.

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