La puerta del balcón abandona su postura y ve como el viento rápidamente se arrastra hacia adentro. Los peces que adornaban con su muerte las baldosas aletean y salen a mirar desde el balcón la oscuridad de la calle. Una mariposa se detiene sobre la mesa y me planta su cara de enojo para que la mire. Me lo merezco, no he sido capaz de inventar algo para que ella recite en las noches.
Ahora hace más frío. La pared se recuesta incómoda sobre el vacío y gime del mismo modo que aquella mujer gorda a la cual le hicieron el amor mientras temblaba con sus manos abiertas contra la pared. Ahora el frío apaga el calor de los colores de los cuadros que adornan la sala.Oscar Vargas Duarte