De pronto es una buena idea

Ella miró su blusa y el color de la falda, sintió que cualquier objeción que alguien hiciera sobre su ropa sería desatendida inmediatamente. Los zapatos rojos que debió utilizar esa mañana no combinaban con la ropa que tuvo que utilizar, así, de cualquier modo cerraría los oídos a cualquier vanidad. Ella sabía que al final del día, cuando estuviera en la casa de su amante tendría la oportunidad de cambiar estos zapatos de mala calidad por los de la esposa de este hombre a quien le entregaría un rato de sudor y sexo.

 

Oscar Vargas Duarte

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