La mañana es la misma, es una gran mentira que los días se dibujen distintos,

La mañana es la misma, es una gran mentira que los días se dibujen distintos, que el tiempo no es el mismo nunca, eso es mentira, yo me despierto porque el despertador está programado a la misma hora, no hay diferencia entre un día y otro.  Me levanto por el mismo lado de la cama, no es que sea agüerista, la verdad los agüeristas me caen mal, lo hago porque la cama está pegada del otro lado contra la pared.  Luego a buscar la ropa, bañarse, con el mismo frío que hace en las mañanas en esta ciudad.  Uno se viste y si tiene fortuna encuentra desayuno para empezar el día con algo en el estómago, de otra manera, aguantar hambre es un asunto con el que se inicia desde temprano.  Así es, los días son iguales, el tiempo no los cambia.  Eso del cambio del tiempo lo debió inventar alguien que un día se despierta con una mujer y al día siguiente con otra, no creo que haya sido alguien de sexo femenino la que lo inventó porque a las mujeres esas cosas le importan bastante poco, o un tipo que hoy se despierta en una ciudad y al día siguiente en otra.  Yo por ejemplo apenas si me cambio de pijama.

 

En la oficina casi todos son unos mediocres y los que no lo son, entonces son lambones que se regalan por cualquier cosa para que les den reconocimiento.  A mí me aburren todos, el que se queja, el que no, el que habla, el que calla.  Todos unos hipócritas, al que le gusta quejarse te invita a tomar café y aprovecha para decirte que lo están explotando, que la empresa es una mierda y otras cosas, al que le gusta la lambonería se te acerca porque necesita que hagas algo por lo que él ganará congratulaciones más tarde, eso sí en ese momento no se acuerda de uno.  Claro que hay otro tipo de animales en ese zoológico que ni siquiera vale la pena mencionarlos, parecen arañas, tienen patas para meterse en todo, son como el agua sucia, solo es permitirles destaparse y llegan a todas partes a cagarla.

 

Uno cree que los conoce a todos y sin embargo logran sorprender, el lunes, según como les haya ido el fin de semana llegan sutiles, sutilmente trágicos o sutilmente livianos sin que nada les obligue a mantener alguna discusión.  Son así.  La hipocresía es sorprendente.  Se sientan frente al computador, leen las noticias en el periódico, accediendo por internet al mismo, tardan un buen rato en esa actividad y cuando terminan buscan al primero que los mire al rostro para hacer la charla, claro, si uno les da oportunidad entonces le hacen perder tiempo, como si a uno el tiempo le sobrara para hablar pendejadas.  Se hacen los intelectuales, todo intelectual es un idiota, eso les digo, pero siguen hablando acerca de temas en los que no conocen ninguna profundidad.   Se les hace un par de preguntas, de las cuales no conocen las respuestas, entonces cambian de tema y se ponen a divagar.  Son unos cafres.

 

El otro día me encontré a uno de estos payasos en el supermercado, él iba con la esposa y yo caminaba buscando la sección de las bebidas, cualquiera que lo viera ahí creería que es una persona admirable, alguien que es ejemplo de que la sociedad ha evolucionado.  Tuve que saludarlo, gentilmente contestar que me dio gusto encontrarlo y conocer a la esposa.  Una vieja espantosa, seguro por eso está con él, ella sabía que sus posibilidades eran mínimas al tratar de conquistar a un hombre, y claro, se quedó con el remedo de sujeto del género masculino con el que duerme todas las noches.  Ante la pregunta de si estaba haciendo mercado debí contestar que sí, claro que ni llevaba carrito de mercado en donde echar las cosas, entonces, busque luego uno y empecé a ubicar cosas en él.

Lo peor de todo es convertirse en uno de ellos.  Al despertar todo se apega a la rutina diaria, la oficina se convierte en un lodazal de hastío y por supuesto el día se duplica en horas.  Primero creer que a las diez de la mañana ya son las doce y luego que a las tres de la tarde son las cinco.  Así pasa.  Cuando levanto la cabeza para observarlos, entonces noto que si las moscas los rodearan ellas se morirían de pereza sobre sus cabezas.

 

Un día fui a tomar cerveza con uno de ellos, que crueldad conmigo mismo, los temas iban y venían sin que pudiéramos seguir un hilo de tema alguno.  A estos tipos les gusta hablar de ellos mismos, son unos egocéntricos, son el típico ejemplar humano que si les dan la posibilidad de estar en el poder se convierten en dictadores.  Me contó de su primera novia y como aún la recordaba, le daba pesar que aún estando casado la recordara.  La esposa no sabía, pero él algunas veces se masturbaba cuando estaba solo pensando en ella.  Pobre idiota y yo quejándome de mi silencio de muerte en mi cuarto.  Lo imagino durmiendo al lado de la esposa y pensando en la otra mujer.  De seguro si se hubiera casado con la otra estaría extrañando a otra que conoció después, estos tipos nunca están conformes.

 

A mí me hubiera gustado decirle que considerara el divorcio, que la vida así no tenía sentido, estar engañándose y engañando a la otra persona no era honesto y en la vida se debe ser honesto siempre, más con uno mismo.  Seguro me hubiera dicho que solo era una sensación pero que realmente amaba a la esposa.  Estos malditos no son capaces de tomar una decisión difícil, les cuesta incluso escoger entre un pasillo y otro en los centros comerciales.  La cerveza se la tomó como si se tratara de un café, odio a los que toman cerveza como si se tratara de un evento para tomar té o chocolate.  Recuerdo que ingresó al lugar en donde estábamos tomando una mujer con un cuerpo atractivo, se quedó viéndola de tal modo que mis miradas obscenas son apenas una mirada tierna de niño, la verdad, le iba a decir que fuese a lavarse los ojos, que vergüenza.

 

Estos tipos tienen la vida organizada, cada céntimo cuenta y lo amasan, para ellos la vida es lo que se puede hacer con ella cuando ya se está en la edad anciana.  Tienen un poco de razón, pero eso no significa que el instante en el que estamos no cuenta. Me gustaría poder explicar esto con más claridad, pero no sería muy brillante.  Un día se me ocurrió que si alguien les dijera que el mundo acababa al día siguiente, no se les ocurriría nada que hacer, tal vez irían a sus casas a estar con la familia, y no encontrarían a nadie porque sus familias habrían salido a gozarse en la calle el único tiempo que podrían disfrutar antes de morir.  Son extraños, claro que yo también, pero no como ellos, bueno, puedo ser peor.

 

Uno se enamora a veces y siente que ha conocido de toda la vida a la persona, con ellos pasa igual, uno siente que los ha conocido todo el tiempo y entonces ellos te miran como si estuvieras obligado a ayudarles a cargar el peso de su conciencia.  Yo los imagino en un gobierno fascista o en una de esas dictaduras de izquierda, obligando a todos a comer mierda mientras que ellos los convencen de que la mierda es buena porque a ellos también les ha tocado.

 

La excusa es un componente fundamental de su espíritu, parte de su lucha es la justificación mediante cualquier argumento del por qué de sus actitudes.  Primero es la empresa y su afán de enriquecerse a costa del esfuerzo de ellos, luego la inoperancia de los jefes para hacer que sus condiciones mejoren, siguen con el estado y su patética política de protección a los más débiles – por supuesto ellos son de los más débiles, continúa la cadena, que es irrompible, con los compañeros, el ambiente laboral, la ciudad y su contaminación, la política, los militares y su acostumbrado uso de la fuerza, también son excusas válidas el apego de la sociedad a los cultos religiosos o la falta de religiosidad y la pérdida de valores.  Nunca son culpables ellos, siempre hay alguien a quien echarle la culpa de lo que ellos son.  El clima ha cambiado mucho, es por eso que ya no se pueden ejecutar las labores a un mejor ritmo, es que el cuerpo es un organismo biológico cuyo reloj está fuertemente ligado a la naturaleza, de manera que un cambio climático desmejora el ciclo propio del organismo y ya no se puede trabajar de esa manera.  La comida es un asco, unas veces es el precio, te cobran como si te atendieran como un rey, otras es el condimento, el tamaño de la porción de la carne, la ensalada que nunca cambian, el mesero que les parece un patán, el jefe que no reconoce el talento que ellos tienen, la experiencia su creatividad, el capital intelectual que hay en ellos, los compañeros que esperan que ellos hagan la tarea a las patadas, cuando ellos tienen claro que para hacer las cosas bien se requiere de una planeación detallada, con un inmenso número de horas dedicadas a pensar.

 

Cómo serán sus hijos, acaso les contagiarán la basura que llevan dentro, o se comportan así solamente en la oficina tratando de amargar a otros, será que a la casa llegan y se convierten, se quitan la máscara y son personas normales.  Lo dudo mucho.  Algunas veces la ventana es un artefacto muy sugestivo, algo parecido a la hoguera y las máquinas de tortura para los inquisidores.  Es de admirar que nunca se lance a alguno por ella, la tentación es alta.  Estos sujetos ahí desperdiciando el día, esperando cualquier oportunidad para justificar en los otros su mundo venido a menos.  Deberíamos lanzarlos por las ventanas apenas se levanten a quejarse.  Digamos que podríamos hacer un día de limpieza, con brigadas encargadas por áreas, o celebrar de manera nacional una fecha para ejecutar tal labor, ellos llegarían vestidos solemnemente para que caigan con estilo sobre el asfalto.

 

El último en lanzarse lo haría por desesperación al no tener con quien discutir el valor de las cosas o la necesidad de cambios en el mundo para poder mantenerse estáticos. 

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