Imaginemos que esa palabra, mientras cae, por efecto del silencio que le toca al descender hacia tu piel pierde la inocencia y se convierte
entonces, ese abismo al que muchos le recitan con las mismas palabras que agendamos nuestra cotidianidad
ese abismo se apodera de la palabra que surge inocente en la boca, entonces, en medio de tu pecho, la palabra sería una tentación por si sola.
Imaginemos que tu pecho, se reciente al presentir que la caricia es una palabra y esta se sumerge en tu piel, y la piel y la palabra se congregan en liturgias,
Supongamos entonces que la palabra se pierde en tus senos y solo tú la reconoces porque tus pezones se izan agradecidos por haber liberado aquellas letras unidas.