Un perro es un perro

Un perro es un perro.

 

Mire señor, usted puede decirme que ese animal abraza una mirada triste y desgasta sus huellas sobre el camino alquilado por otros en su propia realidad, pero eso es una mentira que inventa para tratar de convertir a ese ser que camina sin otro fin en palabras que solo saben engañar.  Usted urge una mentira mientras habla de él.

 

Camina delgado y profundo en el asfalto que le huye a su sombra, se recorre y se doblega

 

— Eso es una mentira vergonzosa que usted le cuenta a quienes lo escuchan.  Un perro es un perro y como yo lo veo ahora es un perro que camina en la calle como muchos otros que el mundo ve.  Señor, usted se ufana de la palabra que transcribe de su boca al papel, de su garganta al aire, pero no sabe nada, mire un perro es un perro, nada más.

 

— No me diga que ese animal lleva el silencio exhortado en sus piernas o que sus piernas son la lucha diaria de una generación que vive bajo la solapa de la indignación, soportando el dolor del maltrato y la humillación.  Ese perro es un perro, nada más. No le busque pelos que no es gato y mejor se va quitando de la entrada de la casa que debo barrer.

 

Un perro es un perro, eso dice la señora y se le cree, no hay más.

 

Mírenme cuando miento porque los ojos me tiemblan.  Ese perro que camina eres tú, nada más que tú, un animal que no se siente otro, solo un ser biológico sin más.

 

Oscar Vargas Duarte

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