Diarios Innecesarios XXXIII
Volviste a casa, aun conservabas la llave y la puerta mantenía la misma cerradura. Estabas sentada en el sofá con las piernas cruzadas, tenías un vaso de agua en la mano derecha y con la izquierda sostenías el bolso. Parecía que el silencio de la sala hubiese esculpido tu cuerpo sin otra pretensión que dejarte liviana para que en cualquier momento el viento te elevara … Continúa leyendo Diarios Innecesarios XXXIII