Se necesitó una pared para inventar la puerta, y no sabemos si la ventana le siguió como una innovación al invento previo. Decimos con facilidad y sin preocupación alguna, cuatro paredes dan forma a la habitación sin contar el techo y el piso, descansando estas paredes en la línea horizontal del imaginario plano.
No hay adornos, cuadros, repisas o fotografías en el cuarteto que forma la mía, están blancas de pintura y limpias de cartografías o relieves. Están así, dispuestas por la casualidad que no les ha asignado algo distinto.
Pensaba eso mientras la luz de la mañana acudía a borbotones por la ventana y desnudaba la blancura de mi cuarto. Claro, sin saber si está basado en ciencia alguna, la fortuna me da para sumar cuatro porciones y pensar que es mi habitación la cuarta parte, aunque no simétrica, que se suma a las otras tres para completar mi vivienda.
Las paredes limpias, quizá no tan cierta sea esta última afirmación porque yo mismo he estampado a uno, dos o tres zancudos contra una de ellas, y la marca de mi sangre, sí la mía, ha quedado mal limpiada cuando yo he pasado un trapo para quitarla.
¿Qué va en las paredes de las habitaciones usadas para el sueño? No lo sé, y le pregunté a una de estas personas cuya profesión es hablar de flujos y energías, de encharcamientos y de sombras. Me ha dicho, pues va todo aquello que vive en simetría, que se suma para dar un par, porque es de parejas de lo que vive el sueño en las habitaciones. Estuve cerca de pedirle hacernos una fotografía juntos para ponerla en la pared de enfrente porque ella olvidó que yo le estaba hablando por coquetería infantil, no por otra cosa.
Así estoy, con las paredes blancas y la luz entrando a borbotones para saciarse de sí misma mientras yo me doy un tiempo más de descanso antes de levantarme de la cama.
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