El jefe de un amigo decía, «Yo no vengo al trabajo a hacer amigos». A mí me parecía un despropósito decir eso porque he conocido a grandes amigos en la oficina y, aun después de muchos años siguen siendo mis amigos de la vida, incluso me he enamorado y ese amor persiste en la soledad de mis poemas y su nombre se lee entre líneas cada tanto en mis textos.
Un personaje en la novela ‘El cuaderno dorado’ de Doris Lessing dice algo como esto, «Hay personas que no son lo que hacen; en cambio hay otras personas que son lo que hacen.» Luego amplía su frase con algo así, «Hay personas que no son solo una cosa, son muchas, no están hechas en un solo molde, si hay un cambio importante en las circunstancias, también cambiarían si fuese necesario. En cambio, las que son lo que hacen, nunca cambiarán».
Ahora que estoy incómodo con alguien importante para mí, no porque ella tenga disposición de serlo y haga algo por ello, es porque yo tomé la decisión de que ella fuese importante para mí, así su carácter, sus emociones, su vida, sus modos de ser y estar los he puesto en donde están las cosas fundamentales de mi vida. He vuelto a pensar en estas cosas del trabajo, los amigos, los amores, ser unidimensionales, ser conforme al estar de las circunstancias.
Recuerdo a una amiga que conocí en mi primer trabajo, me decía, no puedes ser unidimensional en la vida, y no se refería a una división de espacios temporales, no se refería a la familia, el trabajo, la sociedad, o las creencias. Su referencia era a que desde lo profundo distintas fuerzas estuvieran en constante movimiento para que el ser que surge a la superficie estuviese forjado por distintos fuegos.
Mi abuela materna, un día que la acompañé al mercado a comprar verduras y que veíamos a un par de hombres discutiendo y dándose empujones con las manos, me decía, «No te pareces a nadie, y nadie se parecerá a ti nunca. Una pequeña diferencia en tu comportamiento te convierte en un ser absolutamente distinto a todos.» Cuando los hombres dejaron de discutir y pudimos pasar sin riesgo de ser parte de la pelea, me dijo «Sepas que todo el tiempo estarás luchando dentro de ti por ser quien eres, esa es la pelea en la que debes esforzarte, no en las externas.»
Mi libro espiritual de cabecera insiste en recordarme que toda lucha finaliza cuando aceptamos que estamos en la nada, sin centro ni borde, sin orilla o altura, solo estamos en la nada, y desde allí toda construcción es vacía. En mi cuaderno de notas en donde escribo lo que voy leyendo o escuchando, he escrito para recordarme a mí mismo en donde habitan mis problemas, y leo con asombro, «Te imaginas algo, lo proyectas, el mundo no funciona en el modo que imaginas, percibes eso como una desilusión, y luego dentro de ti todo es caos».
Una de las cosas ciertas de la vida es que el tiempo de incomodidad suele ser un entrenamiento para aceptar lo que es distinto, aquello que no queremos aceptar lo terminamos interiorizando y luego no nos damos cuenta que ya no nos importa. Seguiré incómodo por un rato, estaré peleando un rato afuera mientras adentro la lucha se da por terminada.