Desprendimientos

«No, no hay una medida para la verdad en la literatura. La mitad es invención, la otra es una interpretación de la realidad, pero verdad o mentira, nunca.» Le he dicho eso a mi exnovia que vino esta noche a reclamar como suyos la mitad de los libros que leí mientras ella habitaba mi casa.

Dijo, cuando una pareja convive durante cierto tiempo, los bienes se dividen a la mitad, así, yo no quiero tus bienes económicos, solo la mitad de las lecturas que tuviste mientras yo estaba contigo.

Ha empezado a nombrar un autor, con sus libros, una editorial con sus ediciones, a separar la narrativa de la poesía, la crónica del ensayo, y a pedir para ella lo que le gusta, según la fórmula informada previamente. La mitad de lo que leí es de ella porque lo hice mientras compartía apartamento con ella.

He dejado que se lleve los libros, he dejado que rompa mis cuadernos y tome la mitad de las hojas, incluso le dije en cuál lugar del sofá me sentaba a leer, y me dijo que ese sofá era muy feo, y más lo sería si lo quebráramos a la mitad.

Apenas me quedé solo, con el silencio que produce el desprendimiento me he puesto a pensar en las historias que se ha llevado con esas libras de papel que estarán ahora en algún lugar en donde ella decida ponerlas. Pienso en esas páginas sin editar, en los poemas inéditos, en la mala literatura que leo cada día, en los buenos libros que se ha llevado, y siento que ahora tendré que armar el rompecabezas de mi vida sin las piezas completas.

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