En uno de los apartamentos vecinos, una pareja habla, creo que son asuntos sobre la cocina, la preparación del desayuno de hoy y lo que comieron la noche anterior. Más exactamente tratan acerca de quién debe organizar las cosas después del desayuno.
Bajan la voz y les pierdo el ritmo, quiero escucharlos, me interesa saber del otro, sin intención de juicio la vida de los otros está llena de belleza y asombro. A mí se me ocurren varias cosas mientras los escucho, de qué hablaría yo con una novia o esposa a esta hora mientras estamos en la cocina decidiendo qué desayunar, o quizá si simplemente haría como mi hermano, me pondría a preparar cosas sin preguntar, o como he hecho casi toda mi vida, esperaría a que preparen algo sin discutir acerca de eso, y luego, en la mesa ofrecería halagos a la comida y las formas porque quien no ayuda no tiene derecho a quejas.
Para no ser vistos descolgamos las ventanas y evitamos la mirada ajena que pueda filtrarse por el vidrio, para no ser escuchados hablamos con la voz baja, pero se nos escaba el tono, pasamos a uno más alto y algo que debería ser reservado, íntimo, se escapa. La mujer ha dejado en el aire un reclamo, la cama tendida, según le entendí, en su casa materna siempre estaba tendida, el desorden en la vida de las personas comienza ahí.
Parece que al marido le gusta dejar la cama destentida, no ve sentido en tender algo que al final del día volverá a estar destendido. Ella responde con una frase fácil, entonces no te bañes porque al final del día volverás igual o más sucio de como saliste de casa. Se me pierde lo que dicen después de esa frase, quiero saber la respuesta y me la perdí porque un camión ha pitado y su ruido se tragó la respuesta.
Una de las cosas que más me gusta de la vida en pareja es tender la cama entre dos, es cierto lo que dice el hombre, puede ser innecesario, y es cierto lo que ha dicho la mujer, hay que crear asuntos fundamentales para la vida, y entre dos tender una cama, pone un propósito, innecesario talvez, pone a dos un mismo objetivo, se convierte en un juego, y se juega en equipo, se disfruta entre dos de algo sin pretenciones de grandezas.
Quisiera ir y decirles que yo pienso como ella, ofrecerle una palabra que la apoye para que sepa que muchos piensan de ese modo, y ver al hombre y pedirle que cambie un poco, que su comentario fue una respuesta con la que perdió la oportunidad de usar la inteligencia, la creatividad para el juego de las palabras.